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Un aragonés en Sochi

Shaun White, Marit Bjørgen, Evgeni Plushenko, Ole Einar Bjørndalen, Sidney Crosby, Simon Ammann, Emil Hegle Svendsen o Lolo Jones. Todos estos nombres sonaron con fuerza hace unas semanas como los deportistas llamados a ser protagonistas de los Juegos Olímpicos que se iban a celebrar en Sochi. La ciudad rusa situada entre las nevadas montañas del Caucaso y el Mar Negro tomaba el relevo de Vancouver –lugar donde se celebraron los últimos JJOO de invierno- para albergar la competición olímpica más cara de la historia. Entre todos estos ilustres nombres e ínclitos parajes se coló un biatleta zaragozano que con 34 años logró cumplir su sueño olímpico.

Víctor Lobo es uno de los pocos aragoneses que ha logrado participar en unos JJOO de invierno y ha vivido en sus propias carnes el duro camino a recorrer. Sin prácticamente ninguna ayuda estatal ni autonómica, compaginando la vida laboral con la consecución de su sueño e incluso fabricando su propio material de entrenamiento, este ingeniero forestal consiguió clasificarse para la cita olímpica desde un país que tiene un bagaje invernal exiguo –sólo Paco Fernández Ochoa con su oro en Sapporo 72, y su hermana Blanca Fernández Ochoa con un bronce en Albertville 92, han conseguido una presea para España en unos JJOO de invierno-.

Lobo creció en el seno de una familia practicante del esquí de fondo, por lo que pronto empezó a dar sus primeros pasos en este deporte. En el año 2001 comenzó a participar en pruebas de triatlón de invierno –este deporte consta de una carrera a pie, otra de bicicleta de montaña y una última de esquí de fondo; todas disputadas sobre nieve- y tres años más tarde implanta su jerarquía con un reinado nacional que duraría hasta 2010. Siete campeonatos de España consecutivos en esta especialidad son una gran carta de presentación para ilustrar el dominio de Lobo en la prueba. Durante esta etapa, y más concretamente en el 2008, es elegido Mejor Deportista Aragonés del Año.

Ya en el 2011, el zaragozano se mete de lleno en la actividad que sólo tres años más tarde le convertiría en olímpico; el biatlón. En este deporte se combina el esfuerzo extremo del esquí de fondo con la precisión del tiro con carabina. Dos actividades unidas que requieren unas pulsaciones totalmente opuestas para terminar dando un atractivo enorme a la disciplina. El propio Víctor Lobo se fabricó unos ‘rollerskis’ –skis con ruedas- para entrenar y con ellos acudía cada día a trabajar desde su casa. En la temporada 12/13 comienza a participar en pruebas internacionales, para en la siguiente llegar hasta la Copa del Mundo y conseguir el pasaporte para Sochi 2014.

La consecución de su sueño olímpico se produjo el pasado 8 de febrero en la prueba de 10 km sprint. Lobo era el noveno participante en tomar salida y la realización internacional retransmitió para todo el planeta su puesta en escena. Era su momento. El trabajo ya estaba hecho y sólo quedaba disfrutar de una experiencia olímpica que logran vivir unos pocos elegidos. Sonriente y exultante, el aragonés afrontó sus primeros segundos olímpicos con un aura especial.  Terminó la prueba en la posición 82, y pocos días más tarde, en su segunda y última participación en una prueba olímpica –en los 20 km-, mejoró sus prestaciones para acabar en el puesto 72. Pero lo de menos era el lugar a ocupar en la llegada final, simplemente era tenerlo en la salida, y Víctor Lobo acabó logrando este hito.

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