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Teresa Perales: "Tenía miedo a ganar"

Con una sonrisa todavía más pronunciada que la que luce día a día, Teresa Perales (Zaragoza, 1975) llega a la entrevista tremendamente ilusionada porque le acaban de comunicar que ficha por la UCAM. Pese a que continuará con licencia deportiva aragonesa, la zaragozana más laureada dará clases en una de la universidades más importantes y será arropada, deportiva y económicamente, por ella. Su lema: ¿Cómo sabes que no puedes antes de intentarlo?

¿La deportista española con más medallas olímpicas de la historia, todas ellas conseguidas en natación, odiaba nadar de pequeña?

Estos son los paradigmas de la vida. Uno nunca puede decir de este agua no beberé. No me gustaba nadar pero porque no aprendía a nadar. Quizá el método que utilizaron conmigo no era el adecuado o simplemente en ese momento no tenía suficiente madurez física y psicológica para el agua; así que tuve que esperar. A los 5 años me llevaron mis padres a empezar a nadar y hasta los 19 no aprendí de verdad, que fue la edad en la que me quedé en silla y me tiré a la piscina.

¿Cómo surge la idea de nadar profesionalmente?

Fue muy rápido. A los dos meses de quedarme en silla de ruedas fui de veraneo a la playa y allí mi familia se metía al agua, entonces yo también. En el apartamento había una piscina pequeña, pero como me daba un poco de miedo me compré un chaleco salvavidas para meterme. Me gustó mucho la sensación de libertad. Me di cuenta de que en el agua no me hacía falta nadie, ni la silla. Éramos solo mi chaleco –el que luego ya me quité- y yo. Cuando volví a Zaragoza me apunté a aprender a nadar. Para enseñarme me dijeron: “imita lo que hace este chico”; y lo debí hacer bien porque al día siguiente estaba en el equipo.

¿Cómo transcurre un día fuerte de entrenamiento cuando estás preparando unos JJOO?

Dos años antes de los Juegos es cuando ya le meto mucha caña. Entreno 6 horas al día. Divido la jornada en tres entrenamientos, dos de agua y uno de físico. Además de los propios estiramientos y el añadido de que en algunos días le sumo sesiones de fisio. Te diría que el resto del tiempo lo dedico a vegetar, pero teniendo un niño es imposible [Ríe]. Cuando estás preparando una gran competición los días se pasan volando, ni te enteras. Estás todo el día a remojo y entrenando. Te exiges mucho. Lo más complicado es el mantenimiento de la motivación. El cómo mantener el aliciente día a día evitando pensar en que el cansancio te está pudiendo, porque entonces, si pasa esto último, tiendes a ser muy negativo.

Deduzco que das una gran importancia al trabajo psicológico.

Mucha. Le dedico prácticamente el mismo tiempo que al físico. Mi mejor cualidad es la parte mental: la preparación emocional para los entrenamientos y la competición. Hay que controlar el miedo, el estrés, los nervios, el exceso de responsabilidad: toda la puesta en escena. Para eso, primero has tenido que poner a prueba tu cuerpo mucho tiempo. Tenemos entrenamientos que son específicos para superar nuestros propios límites. El entrenador te propone sesiones inalcanzables para intentar sacar el máximo de tus posibilidades; y eso es muy duro psicológicamente.

Ramiro Duce y Ángel Santamaría, tus entrenadores. ¿Qué han supuesto para ti?

Han supuesto mucho. Yo confío en mi entrenador plenamente y creo que para un deportista tiene que ser su líder y guía. Para mí es sencillo; hago lo que me dice y ya está. Tengo la suerte de que ahora Ángel se acomoda mucho a mis circunstancias de trabajo, familia, edad… De hecho, él nunca había trabajado con nadie con discapacidad y yo fui la primera. Nunca ha habido ningún problema, al contrario. Ramiro fue quien descubrió el talento que ni yo misma sabía que llevaba dentro. Uno lo descubrió y el otro lo sigue puliendo.

¿Se ha naturalizado la discapacidad en el deporte?

Creo que ahora estamos consiguiéndolo. O por los menos es lo que yo percibo en mi persona. No me tratan diferente por ser paralímpica. Ahora me comparan y me igualan a un deportista olímpico. Pero es que esto hace tres años no pasaba. Aquí en Zaragoza sí porque mucha gente ya me conocía, aunque era imposible e impensable ir a un montón de sitios de España y que me conozcan tanto.

Pese a ello, las Becas ADO no ayudan…

El momento que vivimos y la breve historia de nuestro plan ADO paralímpico, que lleva implantado desde la vuelta de los JJOO de Pekín, nos deja sin suficiente trayectoria; pero poco a poco se van incorporando nuevos servicios, nuevos patrocinadores, y las materias se van distribuyendo mucho mejor. Aunque no tiene nada que ver con la ayuda que recibe un deportista olímpico. Creo que nunca llegaré a vivir en activo que las becas de ambos se igualen, pero por lo menos se ha visto un incremento que al final termina repercutiendo en los entrenamientos. Al final mi equipo soy yo. Bueno, ahora la UCAM, que se hace cargo de todos los gastos de desplazamientos, de competiciones, logística, licencias… Y esto es una tranquilidad muy importante.  



Y eso que los primeros JJPP de la historia fueron en Roma allá por 1960.

Del 60 al 92 vivimos una etapa desértica. Bueno, de Seul a Barcelona ya cambió bastante, pero en los JJOO de Barcelona fue la primera vez que se hizo un acuerdo entre el COI (Comité Olímpico Internacional) y el CPI (Comité Paralímpico Internacional). Ya en Pekín fue una única organización la que se encargó de olímpicos y paralímpicos. La era moderna del paralimpismo se considera después de Barcelona 92. Y yo añadiría que la era profesional es desde los de Londres 2012.

Un oro paralímpico equivale para el COI a un sexto puesto en olímpico. Todas tus medallas equivalen a un bronce olímpico. Aunque el discurso tiende a equiparar a ambos, esto lo tira totalmente por los suelos.

Piensa que hasta el 2008 solo teníamos el “muy bien chatica, lo has hecho muy bien”. Ahora por lo menos tenemos ese reconocimiento que poco a poco se va incrementando. Este año, fíjate que digo este mismo año, es la primera vez que los deportistas paralímpicos somos considerados dentro del Consejo Superior de Deportes como los deportistas olímpicos. Antes íbamos solo como paralímpicos y no entrábamos como deportistas de alto rendimiento.

Sidney 2000, tus primeros Juegos. Tus primeras medallas.

Tenía solo veintiún años. Hace unos días estuve repasando imágenes y tenía cara de muy cría [Ríe]. Lo recuerdo con mucho cariño. Yo recordaba que en mariposa había ganado mi primera medalla en los Juegos de Sidney, una plata, pero no me acordaba de que antes de ese momento nunca había ganado una medalla en ese estilo. Hasta Sidney solo había ganado una en un Mundial, y era en 50 metros libres. Y allí pude conseguir una medalla en mariposa cuando nadie daba un duro por mí.

El 19 de septiembre de 2004, en una ciudad con un halo tan olímpico como Atenas, logras tu primera presea de oro en los 100 metros libres.

Atenas fue muy especial porque conseguí mi primer oro. Ese primero oro rompió el miedo a ganar. Yo conocía lo que era quedar segunda o tercera. Conscientemente yo decía: “quiero ganar oro”, pero inconscientemente, algo de lo que me he dado cuenta con el tiempo la madurez y las reflexiones, tenía miedo a ganar. Había algo que me frenaba a última hora. Pensaba que si ganaba siempre me iban a pedir que ganase. Y me preguntaba: “¿y si ya no vuelvo a ganar nunca?”.  En los primeros 50 metros de esa carrera iba plantando cara pero me iban ganando, y en el viraje, la ucraniana me sacaba bastante y la francesa algo menos. Ya casi cuando estábamos llegando, aceleré, metí la mano, y gané. Es la prueba más alucinante de mi vida.

Después llegó Pekín 2008. Tus Juegos.

Fue una organización extraordinaria y con la villa olímpica más bonita de todas las que he estado. Sidney también tenía una buena villa, pero en Pekín estaba más concentrada y era más cómoda. Era preciosa. La organización cuidaba hasta el más mínimo detalle, a los deportistas nos llevaban en ‘palmitas’. Genial. En lo deportivo puedo decir que son los JJPP más exitosos de toda mi carrera. Fueron cinco medallas con tres oros, y dos récord del mundo. Eso ya no lo he superado. Además los dos récords los tengo sobrados, no, lo siguiente.

En Londres 2012 te conviertes en la deportista española más laureada de toda la historia. ¿Qué se siente al ostentar semejante honor?

En Londres me pasaron muchas cosas. Llegaba muy cansada. Había entrenado más y mejor que nunca pero con el niño no descansaba bien por las noches. Además concentré los tres entrenamientos que mencionaba al principio entre las seis de la mañana y las cinco de la tarde, porque era la hora en que mi hijo salía de la guardería. Así que llegué a Londres con un poco de sobreentrenamiento porque no descansaba. Todo esto se sumó a que lo más importante ya no estaba dentro de la piscina sino que lo tenía en la grada, mi hijo, y que tenía un gran exceso de responsabilidad. Me marché con una mochila cargada de una esperanza de seis medallas según los medios de comunicación. Además, cuando Michael Phelps logró su medalla 22, ya sabía que si conseguía esas seis me llevaba el titular: ‘La sirenita del Ebro y el tiburón de Baltimore’ [Ríe]. Yo había entrenado para oros, y unos meses atrás me habrían salido tres oros. Y solo me salió uno. Pero fue muy bonito porque llegó en la última prueba que era como la despedida. Fue la medalla en la que más supuso mi entrenamiento mental. Visualicé la prueba unas horas antes y fui al seleccionador y le dije: “no se lo digas a nadie pero esta tarde voy a ganar el oro”.   
 
Dominas el estilo libre.

Sí, el que mejor se me da es crol, 50 y 100. El 200 también, pero no me gusta. Gano, pero no me gusta [Ríe]. Luego 50 mariposa también me gusta muchísimo, aunque solo he conseguido quedar oro en Atenas.



Te voy a decir un nombre: Natalie du Toit.

Lo de esta chica es alucinante. Es una mujer enorme y una chica extraordinaria. Era nadadora de la selección olímpica sudafricana, se estaba preparando para los Juegos de Atenas pero le atropelló un coche. Tuvo una desarticulación de rodilla y le tuvieron que amputar justo por ahí. Ya estando en el hospital, en vez de venirse abajo, preguntó cuándo podía volver a entrenar, y fíjate que eso tiene un trauma de vida y de dolor fantasma. Lo bueno es superarlo inmediatamente porque es la manera de evitar que el miembro fantasma pueda contigo, es un dolor neurológico y es durísimo. Es la única nadadora que ha competido en Olímpicos y Paralímpicos. Es increíble.

Has sido capaz de alcanzar las metas más difíciles pero sin embargo no pudiste lograrlo en el ámbito político. ¿Qué pasó?

En la vida hay etapas, y la política produce mucho desgaste. Cuando te metes en política como yo, por vocación de servicio, por ayudar a la gente y por poder poner voz a quien no la tiene, al conseguir las metas te sientes muy bien. Pero luego en el camino vas dejando cosas que te hacen preguntarte si merece la pena. No fue desilusión, tampoco decepción, fue una necesidad de cambiar. Había terminado mi ciclo político y quería volver a mi ámbito profesional, que al final era lo que me motivaba. Además siempre dije que no quería estar muchos años en política.

Crees que la única forma de cambiar el sistema es desde dentro. Conociendo el dónde, ¿Cuál es el cómo y el qué?

Hay varias vías. Una es aprovechando los partidos políticos existentes, viendo cuál de ellos te puede encajar más en ideas, pese a que ninguno te encaje al cien por cien. Eso es imposible. También has de tener la capacidad de, incluso, poder cambiar las ideas de tu partido político. Otra vía ya se vio con el movimiento del 15-M, donde se empezaron a crear nuevas organizaciones; luego hay que llevarlas a ejecución y tener representación en el Parlamento para poder cambiar las cosas. Sería formar nuevos partidos políticos. Y por último está el no dejar de insistir, siempre hay opciones. Aquí en las Cortes de Aragón está la comisión de ‘Peticiones y derechos humanos’. Es de las pocas Comunidades Autónomas que tienen un lugar donde el pueblo puede solicitar comparecer y pedir explicaciones a cualquiera de los políticos que están allí.

¿Cómo encontraste el interior político cuando tuviste la oportunidad de vivirlo en primera persona?

Encontré que es muy fácil hablar desde fuera. Yo jamás me atreveré a criticar nada sin conocerlo, porque es muy injusto. Desde aquí se ve todo sencillísimo, pero luego al estar dentro te das cuenta de que no es así. Para cambiar una cosa que se podría resolver fácilmente hay que hacer un montón de papeles y lleva demasiado tiempo, por protección del propio sistema.

Lo que me encontré fue gente maravillosa en el camino, de vocación de servicio y apasionada de la política; pero también encontré otro tipo de personas. Pero me gusta defender la posición de político, no me gusta que se diga que el político es corrupto; sé que hay muchos casos de corrupción, pero no es la generalidad.

¿Qué significó recibir la Gran Cruz al Mérito Deportivo, máximo galardón institucional concedido en España?

Me acuerdo de cuando me tiraba a la piscina con el chaleco salvavidas, si alguien me dice que iba a ganar algo por el estilo me habría muerto de risa. Me la concedieron a la vuelta de Londres y me la entregaron el pasado 1 de abril, en un acto precioso con la familia real casi al completo. Quisieron ellos que fuera así, el Rey especialmente me la quería entregar. Fue un acto muy tierno, más allá del protocolo, porque estuve acompañada de amigos, de mi entrenador y de mi familia. Es algo que supone mucho también a nivel de revolución social, nunca antes un paralímpico había tenido acceso a nada similar. España está muy avanzada en ese sentido.

No es un premio certificado, pero ser abanderada de tu país tiene que ser increíble.

Es ir ya con la bandera puesta [Ríe]. No se puede explicar. El día de la inauguración por la mañana, a los que vamos en silla de ruedas nos colocan un aparato para poder llevar la bandera. Ya sabes que a cualquiera que ves por la calle con eso es abanderado, así que desde por la mañana iba toda orgullosa. Decía: “Sí, soy yo la de mi país” [Ríe]. Yo era de las que siempre pasaba desapercibida, no me acercaba a cámara a saludar. Pero aquella tarde estaba mi familia, y estaba obsesionada porque me habían dicho que estaba bajo la bandera de China. Así que la busqué y los encontré ondeando una bandera y ya me puse a lanzar besos como una loca y a llorar como una madalena. Son momentos únicos.

Ahora te dedicas al coaching. Ayudas a la gente a alcanzar sus metas.

Empieza con una conferencia. Les cuento que no sabía nadar, y he ganado 22 medallas. Que no me atrevía a hablar en público, y ahora me gano la vida haciéndolo. Les enseño que he estado con la silla de ruedas en el desierto, que he abierto un camino que llevaba muchísimos años cerrado a la población civil, que he nadado con tiburones, montado en globo… Que he hecho todo lo que me ha dado la gana incluso con esto [Señala a su silla de ruedas]. Intento retar a que no veamos las cosas con límites que nosotros mismos nos establecemos, porque al final eso es una excusa para no marcarnos un objetivo. Los grandes gurús dicen que un objetivo ha de ser específico, medible, alcanzable, realizable y temporalizable. Yo estoy de acuerdo, salvo en realizable y alcanzable. ¿Cómo lo sabes antes de intentarlo?

Cuéntanos tu teoría del espiralismo.

Que ser feliz depende de ti. Que seas tú el centro de tu espiral, porque es la manera de poder ayudar a los demás. Tú sabes lo que necesitas para ser feliz, yo no puedo decirte lo que necesitas. Haz una reflexión de lo que necesitas honestamente para ser feliz, cógelo, protégete y así serás capaz de hacer feliz a los demás.



Entrevista y Documentación: Kevin Serrano y Antonio Martínez Obón | @KevinSerranoJ / @A_Mtnez_Obon

Foto fija: @A_Mtnez_Obon

Agradecimientos: Body Factory

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