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Te veré surfear de nuevo

El Real Zaragoza aprovechó el pasado domingo una de sus últimas oportunidades para agarrarse a la redención. Conseguir tres puntos a falta de ocho jornadas para el final se antojaba imprescindible; y lo logró. Pero más allá del resultado, las sensaciones que desprendió el equipo volvieron a ser muy pobres y nada alentadoras. Pocos, casi inexistentes, argumentos en los que la afición pueda apoyarse con la fe de que se construya un futuro mejor. La sufridora hinchada del león deambula cada fin de semana esperando que de una vez por todas acabe el hastío interminable de estos últimos años.

No me pidas que te espere, porque siempre que espero estoy persiguiendo”. Año tras año, penuria tras penuria, los zaragocistas no se cansan de esperar persiguiendo sueños baldíos que ya ni aciertan a reconocer. Porque no van intrínsecos en la historia de la camiseta que portan, aunque contra su voluntad ya se hayan convertido en rutina.

“Dártelo es mi privilegio y, como te lo doy, te lo podré quitar. Un corazón no es para siempre, a veces tienes que devolverlo”. Familia, amigos y nuestro equipo de fútbol son probablemente las muestras de fidelidad absoluta más reales que otorgamos. Te podrás dar mil veces contra la pared, podrás entregar todo lo que tengas en un millón de ocasiones, que con una vez que tú lo recibas a cambio habrá valido la pena. Pero siempre luchas para que suceda y sirva para volver a dar otro millón más. Y el Real Zaragoza lleva demasiado sin devolver nada, ni una sola vez, a su gente.

“Me pasaba las horas acariciando mi herida, se me iban los días...”. La herida es permanente. No desaparece con el tiempo como las demás. Ni está recibiendo el tratamiento adecuado. A cada golpe se hace más profunda y más difícil de curar. A cada día se aleja más de lo que representa su escudo.

Tengo mi tristeza siempre ahí, escondida, poniéndose guapa". Pese a todo, en el fondo de cada seguidor del león yace el orgullo que un día esperan desplegar con fuerza. Aunque vivan tiempos apocalípticos, aguardan vistiendo la tristeza con sus mejores galas, porque saben que el Real Zaragoza volverá a surfear de nuevo.  “…y si no te veo aquí te veré en mis sueños”.

Dártelo es mi privilegio
y, como te lo doy, te lo podré quitar.
Un corazón no es para siempre,
a veces tienes que devolverlo.

- La noche es mágica también, ¿no?
- Y trágica.
Me pasaba las horas
acariciando mi herida,
se me iban los días...

No me pidas que te espere,
porque siempre que espero
estoy persiguiendo.

Yo intentaba escrutar las estrellas
mientras tú te pintabas
las uñas de los pies.

Sí, te veré surfear de nuevo
con tu traje de sirena
y tu tabla plateada.

En una habitación con vistas,
con una desconocida que conocí
en mi búsqueda de la felicidad,
me vi interrumpida por la metafísica.

Escribo sobre ti desde hace mucho,
incluso antes de conocerte,
y si no te veo aquí
te veré en mis sueños.

Tengo mi tristeza siempre ahí,
escondida, poniéndose guapa.
Y cuento con ella
pa’ que me sepa guiar
más allá de ti,
más allá de mí...
 

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