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Paco Herrera, entrenador

Todos los seguidores del fútbol tenemos un entrenador dentro de nosotros. Ahora mismo está tranquilo, pero saldrá a la luz dando gritos, defendiendo sus tácticas y decisiones cuando el otro entrenador –el de verdad, el que realmente dirige a nuestro equipo- cometa algún fallo o simplemente haga algo con lo que no estemos de acuerdo. Este entrenador es el mismo que se convertirá en seleccionador cuando Del Bosque dé la lista de los convocados para el Mundial de Brasil o el mismo que enciende la televisión, se encuentra con un partido de fútbol y de repente parece entender y saber resolver los problemas del equipo que está perdiendo, pese a que nunca antes hubiese visto un partido suyo. Ya lo dice el refrán: ‘De fútbol y de medicina todo el mundo opina’. Y eso es lo que somos, opinadores; pero nada más.

La figura del entrenador es una de las figuras más –sino la más- ninguneadas dentro del universo futbolístico. De esto gran culpa la tiene el propio torbellino que envuelve al deporte rey, los presidentes y directivos que son los primeros en decapitar al técnico de turno cuando el proyecto no transcurre según ellos habían planeado. En la Liga española esta impaciencia es aún mayor, ahí está el dato que distinguía a Pepe Mel hasta hace poco como técnico más longevo de Primera con tan sólo tres años y medio al frente del Betis. Que exjugadores que acaban de colgar las botas sean rápidamente contratados para dirigir a equipos de primer nivel en lugar de entrenadores que llevan años curtiéndose en categorías inferiores tampoco habla muy bien de la valoración que hacen los mandatarios de estos últimos.
El menosprecio que el propio mundo del fútbol hace hacia los técnicos se contagia a los aficionados, es por ello que el cese del entrenador se ve como algo normal, como el primer paso a dar para solucionar los problemas de un equipo; en definitiva, que se vea al entrenador como alguien que llega a los partidos, decide quién juega y quién no y luego se va a casa. No hay constancia de que detrás de la figura del preparador hay muchos años de estudio, exámenes y pruebas, mucho tiempo dedicado a empaparse de fútbol, y no sólo del de élite, sino sobre todo del de viajes en autobús de madrugada y campos de tierra y piedras. Y si la hay, apenas se valora; y no valorar esto pone en duda el que se valore todo lo demás. Por todo esto se entendía como obvio que hasta hace poco La Romareda pidiese la cabeza de Paco Herrera, de hecho parecía que lo extraño era que el catalán no fuese destituido como entrenador del Real Zaragoza.

Y eso que todo eran sonrisas cuando Herrera firmó por la entidad blanquilla. Se hablaba de un buen profesional, un gran conocedor de la Segunda División y muchos lo definían como el hombre ideal para devolver al equipo a Primera. Estas mismas palabras se las llevó el viento cuando todo se empezó a poner cuesta arriba. Herrera se convirtió en un hombre triste, incapaz de motivar a sus jugadores y que casi no tenía ni idea de fútbol. Ni para él, con más de veinte años de experiencia en los banquillos, parecía que existiese un pequeño margen de confianza. Sin embargo y afortunadamente, sin entrar a valorar si fue por razones deportivas o por falta de liquidez, la hubo; y el tiempo parece haberle dado la razón. No sólo se han conseguido buenos resultados, sino que además se ha jugado al fútbol como hacía bastante tiempo que el aficionado no veía que se jugase.

Ahora que las aguas han vuelto a su cauce parece que el entrenador zaragocista ha recuperado el crédito perdido, pero no descubro nada si anticipo que lo volverá a perder a ojos del aficionado si la mejoría no se mantiene en los próximos partidos. El fútbol no parece estar ya concebido para proyectos largos ni para entrenadores duraderos, en el entorno blanquillo todavía menos. Sin embargo, quizás sea este el momento, cuando hemos visto que la opinión generalizada se ha equivocado en cuanto al futuro y a las posibilidades del técnico y del equipo, de cogerle de la mano y confiar que su trabajo pueda devolvernos a Primera. Quizás sea el momento de que el entrenador comience a ser valorado.

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