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Orgullo rojo

Rojo, del color de la sangre. Como la que salía de las heridas que nos lamíamos tras la dolorosa derrota frente a Gipuzkoa. Así es nuestro orgullo y nuestra capacidad de levantarnos. Así es el deporte: la razón de ser del que compite es su orgullo. Y al fin nosotros hemos recuperado el nuestro.

La Copa se alejaba entre derrotas sonrojantes. Lo de Sito Alonso y sus pupilos fue un brutal y salvaje revolcón. Miraba yo a ese equipo que bajaba los brazos, boxeador noqueado,  y no lo reconocía. Miraba yo a ese equipo que dejó escapar al Valladolid y no lo reconocía. Si algo creía saber yo de este equipo era que en el pasado reciente nunca mostró apatía. Dio una lección de coraje en la Copa, o en play offs ante el Madrid. Nos regaló un año inolvidable.

Ni teníamos los mejores jugadores, ni el mayor presupuesto. Pero sabíamos competir, porque había orgullo. Un orgullo rojo y caísta que nos hinchó a todos el corazón aquel 26 de mayo, ante el Valencia y en el Felipe

Parece, aunque lo voy a decir con la boca pequeña, que hemos recuperado parte de ese orgullo. Si el 2013 nos parece insuperable, el 2014 ha comenzado con una derrota, pero al menos una derrota útil. Pudiera pensarse que esta es la actitud derrotista del perdedor endémico. No es así. Aunque todos nos sabíamos vencidos, el equipo no se creyó nuestro propio pesimismo. Ante el que es, probablemente, el mejor equipo de Europa, se zafó y se rebeló contra su suerte. Un Felipe hasta la bandera vio luchar a sus jugadores. Vio baloncesto e intensidad apelando a una épica que casi llegó. Vio un equipo, dispuesto a partirse la cara. Dispuesto a sangrar y manchar el parqué del Felipe de rojo caísta. 

Yo me fui contento a casa, porque si bien el marcador siempre duele, mi equipo había recuperado el orgullo que yo siempre le había atribuido. Ahora toca refrendarlo. Cuando Europa vuelva a nuestro feudo y nos visite un histórico, esta noche, jugadores y afición mostraremos orgullosos nuestro escudo. Un deportista está hecho para eso. Para caerse y levantarse. Para competir. Para afrontar retos y mostrar su orgullo herido. El del Madrid sí fue mi equipo, y ahora yo puedo tener fe en él. Nos toca el Cedevita. Bien. Dejad que vengan. 

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