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Montañés: "Estuve a punto de dejar el fútbol"

Inicialmente introvertido, pronto gana y exterioriza confianza para afrontar una larga charla. Paco Montañés (Castellón, 1986) nos confiesa a su llegada que no es muy amigo de las cámaras, aunque los minutos le hacen abrirse en canal para afrontar el análisis de una carrera marcada por un camino ciertamente complicado que comenzó en el club en el que su ídolo de infancia, Ronaldo Luís Nazário de Lima, se hizo un hueco en la historia.

Podríamos decir que tienes ADN Barça.

Sí. Pasé allí 8 años y fue casi toda mi infancia. Me eduqué en La Masía ya no sólo futbolísticamente sino personalmente. Te transmiten unos valores muy buenos. A nivel de estudios están muy encima de ti, te cuidan mucho y te tratan muy bien. Todo eso es para valorarlo. El ADN Barça no sólo es hacia el fútbol, también va en lo personal; y yo he crecido en ese ambiente.

Antes de llegar a La Masía tuviste de entrenador a Manolo Clares, compañero de Cruyff en el Barça de los 70, en lo que pudo ser una premonición de tus siguientes pasos.

Sigo teniendo bastante amistad con él. Lo vi hace un mes y continúa ligado al mundo del fútbol, está entrenando todavía. Él me llevó desde los 8 o 9 años en el equipo del barrio, y después estuve en el Castellón y también lo tuve como entrenador hasta que me marché a La Masía. Tanto mi familia como yo aún seguimos teniendo relación con él.

¿Cómo valoras los años que pasaste en La Masía, una de las escuelas futbolísticas más prolíficas del mundo?

La verdad es que muy bien, en los dos sentidos –futbolístico y personal-. El trato es genial y te cuidan como si fueras su hijo, era como una familia. Estábamos sesenta chavales de diferente edades que hacíamos todo juntos. No se pasa bien porque eres muy pequeño y estás separado de tu familia, pero cuando pasan los años agradeces haber vivido esa experiencia, y más en el Barça.

Se dice que allí hay una filosofía de no sólo formar futbolistas sino también personas.

Desde pequeño te dicen que si no apruebas no vas a jugar, hasta incluso te  explican que te pueden echar. Sea verdad o no es algo que se valora. Luego conforme te haces mayor te dejan más margen para elegir tu camino; pero de pequeño sí están muy encima de ti a nivel de estudios, y me parece algo realmente importante.

Imagino que se hace bastante duro estar lejos de tu familia siendo tan joven, llegaste con tan sólo 12 años.

El primer año se pasa muy mal. Hasta me planteé volver a casa. Yo no tenía casi capacidad de decisión y elegir el camino de continuar no fue nada fácil. Era del Barça desde pequeño y mis padres me preguntaban si quería seguir porque era lo que me gustaba. Tanto ellos como yo lo pasamos muy mal en esos primeros momentos; pero fuimos fuertes, lo sobrepasamos y ya después piensas que mereció la pena.

Allí recalaste en el Infantil A, ¿qué recuerdos guardas de esos primeros momentos?

La verdad es que notas un gran cambio. Sales de Castellón de jugar en la placeta, porque yo lo que hacía siempre era estar debajo de mi casa jugando,  sólo tenía ese concepto del fútbol, y llegas allí con 12 años y te imponen una rutina de trabajo que me venía un poco grande. En La Masía se preocupaban más en esos primeros instantes por la adaptación que por el propio fútbol. Saben que tu cabeza no está para jugar y por eso te dan mucho margen, te transmiten que sólo disfrutes. Parece que llegas al Barça y desde el primer momento te van a exigir ganar, pero no, quieren que disfrutes porque de mayor ya llegará lo realmente duro.

¿Qué nos puedes contar del sistema de trabajo de La Masía?

Pasas a tener una rutina más estricta que la de tu casa. Nos levantábamos por la mañana y desayunábamos todos juntos, después íbamos al colegio, volvíamos a comer, nos echábamos la siesta, entrenábamos, luego teníamos unas horas de estudio con unos tutores que nos ponían ellos, y ya cenábamos y a dormir.

 ¿Quién era tu referente cuando estabas en las categorías inferiores del equipo catalán?

De pequeño siempre me gustaba Ronaldo, el brasileño. Lo veía jugar y era una pasada. Imagínate cuando vi que fichaba por el Barça… me volví loco. Él ha sido mi referente desde pequeñito.



¿Cómo valoras el definido plan de juego culé? Posesión, ataques posicionales, defensa adelantada…

Cuando yo llegué se llevaba el 3-4-3 tan típico del Barça, y ya después cambió al 4-3-3. Es un juego que te divierte mucho. Además en las categorías inferiores eres muy superior al resto y siempre metes muchos goles. Te lo pasas genial. Eres un crío y vas metiendo 10-15 goles por partido. Disfrutas mucho.

En La Masía coincidiste con futbolistas que ahora son top en el mundo del fútbol como Messi, Piqué, Cesc Fábregas, Pedro Rodríguez… ¿Qué tal la convivencia con ellos?

A Messi ya desde cadete lo subieron dos años más. Con Piqué coincidí en partidos de selecciones territoriales, con Pedro sigo teniendo amistad... Son gente muy maja y guardar amistades desde tan atrás es una de las cosas más bonitas del fútbol. Te hace tener unas amistades muy fuertes.

¿Ya se vislumbraba su futuro potencial?

Cuando eres pequeño casi ni valoras eso, ni lo piensas. Era gente que destacaba ya desde abajo pero nunca te imaginas que puedan llegar tanto, aunque con Leo sí que se veía que algo grande iba a hacer. Pero de los demás no te imaginabas que Cesc iba a jugar en el Arsenal, Piqué en el Manchester United, Pedro en el Barça y metiendo goles importantes… Nunca te imaginas que puedan llegar a conseguir tanto, pero me alegro muchísimo por ellos.

Con Lionel Messi coincidiste en juveniles y en el filial del Barça, ¿cómo era de joven? ¿Las cualidades futbolísticas que tenía atisbaban que llegaría a ser un jugador de tanto nivel?

Era una barbaridad. Recuerdo partidos de meter seis goles y que todos fueran suyos. Hay gente que podía estar un poco por encima de los demás pero lo de él era exagerado.

En el año 2005 consigues la medalla de oro en los Juegos del Mediterráneo disputados en Almería. Ganáis en la final a Turquía gracias a un gol de Kepa, con una selección en la que estaban Ramis, Javi Fuego o Antonio Puerta, entre otros.

Me supo muy mal lo de Puerta. Coincidí con él allí y era una bellísima persona. Era lateral izquierdo y yo extremo izquierdo así que compartíamos mucho en el campo. Pero tengo un gran recuerdo de esos Juegos que conseguimos ganar. Al terminar el verano me dijeron que tenía que ir y al principio pensé más en perder parte de mis vacaciones que en lo demás. Aunque al final me compensó viviendo una experiencia muy bonita. Ganar esa competición ha sido una de las cosas que me han marcado en mi trayectoria.

En ese campeonato eras el más joven de la selección española sub’22 pero jugaste muchos minutos, marcaste un gol decisivo en cuartos de final ante Italia e incluso disputaste toda la final.

La competición duró dos o tres semanas y entre medio tuve que coger un avión para jugar la final de la Copa del Rey con el Barça y volví. Eres joven y quieres estar a todo. Participé mucho en esos Juegos pese a que no era algo fácil por mi edad.

Ese mismo año, con el juvenil del Barça sumaste tres títulos más además del de la selección -Liga, Copa de Campeones (disputada por los ganadores de los seis grupos de la División de Honor) y Copa del Rey (ante el Sporting en la final)-.
 
Teníamos un equipo impresionante. Todos los que son ahora grandes cracks y que antes nombrábamos estaban allí y yo jugaba con ellos, porque, aunque tenía un año más, en esa época permitían bajar a gente de mayor edad.
 
Ese equipo lo entrenaba Juan Carlos Pérez Rojo; ¿cómo valoras el trabajo que hizo contigo?
 
Todos los que trabajan en el Barça tienen unos valores futbolísticos muy grandes, tienen una gran preparación y se nota que están en ese club por algo. Yo estuve con Rojo en el División de Honor, un equipo con gran responsabilidad. Haber sido jugador de élite le permitía darte consejos muy útiles que otra persona que no ha llegado tan arriba no puede.
 
¿Qué significó para ti el día 13/05/06? Consigues debutar en Primera División con el FC Barcelona, y lo haces en el Sánchez Pizjuán y sustituyendo a un mito como Henrik Larsson, en un partido de liga que perdéis 3-2.

Lo de menos en ese partido fue el resultado [Ríe]. Yo estaba jugando en el Barça B y me dijeron sin esperarlo que tenía que viajar con el primer equipo. Me quedé parado, no me lo creía. Enseguida llamé a toda mi gente para contárselo. Primero pensaba que iría pero que no saldría a jugar, pero luego tuve la suerte de estar casi media hora sobre el césped.

Nos enfrentamos a un Sevilla muy potente que además presentaba su nuevo himno. Me quedé flipando con todo el estadio cantando al unísono. Si ahora te llama la atención, imagínate el primer día, se me ponía la piel de gallina. Toda mi familia estuvo en la grada viendo el partido. Cuando me mandaron a calentar estaba supernervioso, como un flan, pero ya fue salir al campo y olvidarme de todo.



Compartiste vestuario con Ronaldinho, Eto’o  -pichichi esa temporada-, Iniesta, Messi, Puyol, Xavi, Deco… Esa plantilla logró la segunda Champions para el Barça el 17 de mayo de 2006 en Saint Denis. Supongo que es un orgullo haber podido estar en el mismo equipo que tantos y tan buenos jugadores.

Haber compartido vestuario con esa gente es algo que le contaré a mis hijos. Fue un placer aunque cuando estás ahí no lo disfrutas. Estás muy nervioso. Ellos eran gente muy campechana que te daba mucha conversación, pero imagínate cómo estás tú… Se disfruta más a largo plazo.

Frank Rijkaard es el entrenador que te da la oportunidad, técnico del que siempre se ha ensalzado la gran relación que tenía con sus futbolistas, faceta que al final acabó pasándole factura. ¿Qué recuerdo tienes del holandés?

Tengo un buen recuerdo. Más de cómo trataba a los demás que de cómo lo hizo conmigo, porque casi no tuvo tiempo. Cuando salí a jugar sólo me dijo que disfrutara y no me pusiera nervioso. Se notaba que él había sido futbolista y la distancia con su vestuario no era la típica de entrenador y futbolista. Parecía que tenía una relación casi de amigos. Creo recordar que hasta se metía con sus jugadores a entrenar.

¿En algún momento te viste con posibilidades de continuar en el Barça?

El Barça no estaba como ahora. La llegada de Guardiola hizo que los del filial se vieran con más posibilidades de llegar al primer equipo. Antes era bastante más difícil. Debuté con el primer equipo y fui a los Juegos del Mediterráneo, así que llegué a pensar en que podía tener la suerte de meterme allí. Pero la temporada siguiente ya vi que no. Además cuando yo debuté fue porque el equipo tenía bajas, estaba preparando la Champions… Así que pensé que quizá debería dar el salto a otro equipo porque en el Barça iba a ser muy complicado.

Ves claro que es muy difícil hacerse un sitio entre tantas figuras y buscas seguir creciendo en otro lado. En verano de ese año 2006 sales del FC Barcelona y te marchas al filial del Villarreal, a tu tierra.

Tenía muchas ganas de estar en casa y poder disfrutar de mi familia. Me decidí por el Villarreal, que es un club que estaba creciendo mucho. El trabajo que tienen con la cantera es brutal. Soy muy amigo de Ortí, que ahora se acaba de marchar allí, y ya me ha dicho que es una pasada. En cuanto a infraestructura y trato son un club de referencia en España.

¿Considerabas los equipos filiales una vía más rápida para llegar a divisiones de altura?

Sí. Me dijeron que iba para ayudar al filial pero que me iban a tener en cuenta en el primer equipo. Así que decidí marcharme. Estuve un total de tres años, y pese a que toqué muy poco el primer equipo, conseguimos ascender al filial desde Tercera hasta Segunda.
 
Tras tu paso por el equipo castellonense, estás una temporada en el Ontinyent, con el que llegas a jugar una fase de ascenso a la Liga Adelante.

Aquí viví un año muy difícil en el que me planteé seriamente dejar el fútbol. Estaba en Segunda B y llevaba ya muchos años. Me lesioné muchas veces y no lo tenía nada claro. Todo fueron aspectos negativos que me hicieron dudar de si seguir. Tuve la suerte de que me salió un playoff muy bueno, aunque el Alcorcón nos venció y no pudimos subir.

Viviste una parte muy agria del fútbol llegando incluso a plantearte dejarlo. Tras 8 años en La Masía y el debut en Primera División, pensar que no vas a poder tener continuidad en la élite se tiene que hacer realmente duro.

Tocas la Primera División con el Barça, ganas los Juegos del Mediterráneo y parece que ya no vas a poder ir hacia abajo, todo se presupone que irá hacia arriba, pero así es el fútbol. Pasar a Segunda B me agobió y creía que no merecía la pena seguir. Pensé en decir: “Hasta aquí. Abro otra vida diferente”.

Antes de que te llamase el Alcorcón estuviste apuntado en una academia para opositar como bombero; profesión que habías sentido porque es la de tu padre.

Sí. Si hubiera seguido en el Ontinyent… Habíamos hecho una promoción de ascenso y en el último momento nos echaron para atrás, y sabía que alcanzar eso dos años seguidos iba a ser muy complicado. Creía que no merecía la pena seguir con el fútbol, pero la familia me animó a intentarlo. Me decían que llevaba desde los 12 años fuera de casa y que tenía que intentar triunfar. Fueron muy importantes en esos momentos porque por mi parte me hubiera echado atrás. Durante ese periodo de valoración recibí la llamada del Alcorcón, y como era un club de Segunda, decidí quemar el último cartucho.



Mahatma Gandhi decía: “Nuestra recompensa se encuentra en el esfuerzo y no en el resultado. Un esfuerzo total es una victoria completa”, aunque supongo que poder llegar al Alcorcón fue para ti una liberación y sí que te sentiste recompensado por el resultado tras unos años complicados. ¿Te devolvió el Alcorcón la ilusión por el fútbol?

Por supuesto. Era una categoría nueva para mí y considero que salió muy bien tomar la decisión de continuar en el mundo del fútbol. Me la jugué y el resultado fue muy bueno. Fueron dos años muy buenos. Es un club muy familiar que te hace sentir muy a gusto, a la par que sientes muy poca presión. Tienes todos los condicionantes para dar un salto de calidad. Un jugador que está algo perdido, llega allí y saca lo mejor de sí mismo. Entrenador y Director Deportivo se portaron muy bien conmigo.

Llegas a disputar un total de 88 partidos en 2 temporadas…

Lo jugué casi todo. Metí goles y disfruté muchísimo. Si un jugador quiere recobrar la ilusión por el fútbol es un club idóneo.

Y culminaste esos dos años con la fase de ascenso a Primera, donde os quedasteis a un gol de igualar la eliminatoria.
 
¡Buf! Eso fue… Para un equipo como el Alcorcón meterse en una fase de playoff era una pasada. Ver cómo lo vivía la ciudad… Todo lo que nos pasaba era bueno. El primer año estuvimos a punto de meternos también, hasta el último partido tuvimos oportunidades.
 
No tengo un mal recuerdo de allí, y es difícil porque en todas las épocas siempre tienes recuerdos buenos y malos; pero fue todo rodado hasta casi meternos en Primera División. Imagínate.
 
Por eso Anquela, al que nombrabas con anterioridad, fue un entrenador muy importante en tu carrera.
 
Sí. En lo futbolístico es muy buen entrenador, es un tío que ha sido jugador y sabe de qué va esto; pero lo importante de él es lo psicológico. Es muy campechano, se preocupa por tu familia, muchas veces te decía: “Oye, ¿Te hace falta algo de la familia? Si necesitas un día de fiesta cógelo”. Son detalles que te hacen recordarlo de manera muy grata y hasta día de hoy cada cierto día le llamo y él me llama a mí. El otro día antes del partido del Numancia vino a vernos, a espiarnos un poco [Ríe]. Yo estaba lesionado y me subí con él. Además, toda mi familia lo conoce; más que un entrenador es un amigo.
 
En verano de 2012 firmas por el Real Zaragoza pero hubo interés de muchos equipos de Primera; ¿qué te hace venir aquí?
 
Acabamos el playoff de ascenso y me duraron las vacaciones dos semanas. Durante ellas no paré porque había varios equipos que estaban interesados y en constantes negociaciones con mi representante. Y llegó el Zaragoza y no sé, durante la temporada en el Alcorcón ya me llegaban rumores de que habían preguntado por mí y por eso vi que era un club que tenía un interés especial. Entonces, a lo mejor puede haber otros equipos, pero se nota el equipo que tiene más interés; y ellos desde el primer momento no dudaron en decirme: “Paco vente para aquí”. Pagaron un traspaso, que hoy en día no es fácil en el fútbol, con lo que veías que se estaban esforzando por ti y eso un futbolista lo agradece. En ese momento también estaban pasando una mala época pero al Zaragoza de cuando eras pequeño lo recuerdas como un equipo grande y piensas que esto tiene que ir a mejor.
 
¿Ves por fin cumplido tu sueño de poder tener continuidad en Primera?
 
Al venir aquí me decía: “Ya he llegado a Primera, a ver si me hago con un hueco en el equipo y a ver si puedo jugar unos pocos partidos”. Me marcaba unos objetivos más a largo plazo. Pero desde el primer momento Manolo Jiménez me dio confianza, yo lo cogí con unas ganas enormes y desde el principio vivía el día a día, el exigirme una barbaridad, el meterme caña… y Manolo era eso lo que quería; me lo metí en la cabeza y jugué todos los partidos.
 
Esa primera vuelta de la temporada tenéis unos resultados bastante buenos.
 
Sí. Nos fuimos a Navidad después del partido en Bilbao supercontentos con el trabajo que habíamos hecho y viendo que estábamos haciendo las cosas bien. Fue una primera vuelta muy buena.
 
Y después de San Mamés todo cambió. Encadenasteis una racha de 15 partidos sin ganar que fue un lastre demasiado pesado.
 
Entras en una dinámica que de estar bien… ¡Fíjate ahora el Betis! Desde fuera la gente no lo entiende, hasta que no lo sufre uno no lo puede entender. Y cada año le pasa a un equipo, y por mucho que intentes cambiar, por mucho que entrenes entras en una dinámica que es muy difícil salir de ella; nos ocurrió el año pasado y nos pasó una factura terrible.
 
Sientes impotencia porque ves que ya no está al alcance de tus manos el hacer más cosas. Porque en cuanto entras en una racha así lo que haces es trabajar más, intentar mejorar, cuidarte más… Todo lo que puedes poner lo pones, y ves que no sale, que no sale, que no sale… Al final es un factor meramente psicológico, sales a los partidos pensando que lo más lógico es que pierdas.
 
De hecho teníais a Manolo Jiménez, que su puntal más destacable quizás sea el de motivador, y aun así él no era capaz de revertir aquello.
 
Es un motivador excepcional, es una de las claves de sus éxitos. Todos los días tenía unas ganas enormes de entrenar, te exigía una barbaridad, estaba encima de ti… Es un entrenador al que le puede pasar lo que le pasó el año pasado pero que de normal va a conseguir que el equipo en el que esté vaya para arriba porque tiene mucho carácter, a mí en ese sentido me gustaba mucho. Era el entrenador idóneo para salir de esa situación, lo que pasa es que cuando estás metido en ella él tiene poco que hacer. El entrenador es una figura que intenta transmitir todo lo que puede, pero al final somos 25.
 
Aquí vemos la tremenda importancia del factor psicológico en el fútbol.
 
Sí. Al final, en todos los años que llevo jugando te das cuenta de que el fútbol está todo en la cabeza. Por supuesto que tienes que tener unas condiciones físicas mínimas para practicarlo, pero todo es la cabeza. Gente de Primera que sea muy buena, si está sin confianza, no jugaría ni en Segunda ni en Segunda B; y un jugador de Segunda con confianza lo meterías en el Barça y jugaría. Para lo bueno y para lo malo todo es psicológico. O te destroza si todo va mal o si va bien eres un tren y no te para nadie.
 
Al final el equipo acaba descendiendo. Eso supone un duro golpe tanto en lo individual como en lo colectivo.
 
Claro, a nivel particular te ha costado muchísimo llegar a Primera División y el primer año para abajo otra vez… Y a nivel colectivo el año del descenso has vivido más penas que alegrías. Vivimos alegrías hasta Navidad, a partir de ahí nada. Cuando acabó pensé que por un lado estaba otra vez en Segunda pero por otro sabes lo bonito que es conseguir un ascenso, entonces me metí eso en la cabeza y decidí que ahora la mentalidad tenía que ser otra.
 

En ningún momento te planteaste salir en verano.
 
No. No soy una persona que me maree mucho pensando quién me ha podido llamar. Aparte se lo tengo dicho a las personas de confianza que me llevan esos asuntos, que yo quiero estar tranquilo. Hombre, si algún día llega algo serio te tienes que sentar a hablar si te merece la pena, pero al acabar el año mi mentalidad era seguir aquí y conseguir el ascenso. Es que hablas con compañeros que han ascendido con otros equipos y te cuentan que es una experiencia maravillosa, y yo tengo ganas de vivirla.
 
Además de tu propósito personal, ¿tiene Paco Herrera peso en que tú siguieses en el equipo o  crees que te ayudó a terminar de convencerte?
 
Desde pretemporada recuerdo una rueda de prensa donde él decía que uno de los pilares básicos tenía que ser yo. Ahí te demuestra la confianza que tiene él en ti y te hace saber que va a ser un entrenador que va a confiar en ti y que te va a considerar una pieza importante. Todo lo que dice de ti te hace salir al campo queriéndole devolver esa confianza que te está dando y convertir las palabras en hechos.
 
Su idea primigenia de fútbol, la que ha practicado en sus anteriores equipos, tampoco está muy alejada de la de La Masía. Siempre le ha gustado el fútbol de posesión, ser protagonista; pero ahora las circunstancias le han hecho tener que vestir otros trajes.
 
Sí, él a principio de temporada tenía esa idea. Nosotros lo estábamos haciendo bien y parecía que le estaba funcionando; le funcionó en el Celta y traía la misma. Lo que pasa es que comenzó la liga y nosotros nos bloqueamos y fue imposible llevarla a cabo, que era la más bonita y con la que los jugadores más podíamos disfrutar. Ahí él fue listo y vio que hasta ese punto no se podía llegar, así que decidió volver a lo práctico y cuando llegasen los buenos momentos volver a ver si este equipo podía jugar como él quería. Él ha marcado bien los tiempos, nos ha costado muchísimo pero a día de hoy hemos vuelto a donde él se siente a gusto; porque también es labor nuestra que él se sienta cómodo en aquello que él confía, y él lo hace mucho en ese estilo.
 
A nivel individual, últimamente te está situando en punta junto a Roger, ambos en paralelo. Es una demarcación donde habías jugado menos, tu hábitat más común suele ser la banda.
 
Llevaba muchos años en banda y era un jugador típico, de estar pegado a la línea. Este año en pretemporada Paco me dijo que cómo veía esta nueva posición y yo le dije que bien, el año pasado con Jiménez algún partido lo jugué de mediapunta y lo de ahora es algo parecido pero más arriba. Herrera me da total libertad para estar arriba, bajar un poco más abajo, irme a una banda o a la otra… Me encuentro a gusto en esta posición.
 
Y en el plano colectivo, ¿cómo ves está disposición?
 
Él lo que busca es tener superioridad. En teoría hemos de ser nosotros los que llevemos el peso del partido con lo que él busca una superioridad en medio campo. Nosotros tenemos jugadores en esa zona que tienen mucha calidad para estar y tocar el balón, y además dos puntas que tiran desmarques y que saben venir a recibir. Es una disposición táctica con la que podemos disfrutar mucho si la acabamos cogiendo, trabajando y entendiendo más; es cuestión de que nos lo creamos y tengamos confianza.
 
¿Tú cómo te sientes más cómodo, siendo el protagonista o jugando a la contra para exprimir tu velocidad?
 
A ver, es más difícil para todos llevar el peso de los partidos. No encuentras tantos huecos, no es tan fácil. Lo que pasa es que todos los partidos tienen sus fases, tú dominas el partido hasta que encuentras el gol, cuando lo consigues es el otro equipo quien intenta dominar y es cuando tú vas un poquito más a la contra, que es un juego que a mí me gusta mucho por mi velocidad, porque puedo coger a la defensa descolocada. Este año vamos a jugar la mayoría de las veces así, con los equipos cerrados hasta que encontremos el primer gol.


 
Después de una racha tan mala vivida el año pasado, ¿el mal arranque de esta temporada te hizo recordar fantasmas pasados?
 
No, desde el primer día tenía confianza en que el equipo cambiase la situación. Confío muchísimo en mis compañeros y creo que tenemos una plantilla con muchísima calidad para acabar arriba. Sabía que nos iba a costar, porque a todos los equipos les cuesta cuando bajan de Primera, pero ni me planteé que se fuese a repetir la situación.
 
¿Crees que ya habéis presentado vuestras credenciales al ascenso?
 
Yo creo que sí. El nivel de confianza en casa lo estamos ganando, la gente ve que estamos más enchufados, están con el equipo y eso para nosotros es importante. Y fuera de casa, el partido del otro día frente al Mirandés es un punto de inflexión porque todos esos partidos nos habían costado en la primera vuelta y no los habíamos sacado, incluso habíamos hecho partidos muy malos. Por eso creo que el equipo está en el camino. 

¿Y tú crees que ya has mostrado todo tu potencial en el Real Zaragoza?
 
Yo creo que tengo más. Estoy contento por mi primer año y este, me exijo más pero estoy orgulloso del trabajo que he realizado hasta ahora. Pero cualquier futbolista no se puede poner límites ni conformarse con lo que ha hecho, queda una vuelta en la que tengo que aportar porque en la primera he estado lesionado mucho tiempo y quiero recuperar todo ese tiempo perdido.
 
¿Cómo valoras este año y medio que llevas en Zaragoza?
 
El descenso lo marca todo, pero desde el primer día estoy muy contento. La gente me trata muy bien, en el club me siento valorado; nunca había estado en un club así, que tenga tanta dimensión en todos los sentidos. A nivel social lo que engloba el Zaragoza es una barbaridad. Sabía que venía a un club grande pero no sabía lo que era estar viviendo en uno así. Siento que tengo que formar parte de un futuro en el que se devuelva al equipo a Primera, y quién sabe si aspirar a algo más.
 
Tenéis una profesión en la que estáis en una constante valoración por la opinión pública, ¿se hace duro?
 
Al final con el paso de los años lo asimilas. Pero esto es lo que tiene el fútbol, hay semanas en las que parece que estás en la cima, tú te sientes genial, paseas por la calle y te sientes bien… y a la siguiente semana te salen mal las cosas y no quieres ni salir de casa. Ahí la clave es saber tener un término medio, que se gana con el paso de los años e incluso puede que yo aún no tenga la capacidad de tenerlo. Eso es la clave del fútbol, que la cabeza tenga una estabilidad.
 
El fútbol parece haberse convertido en una cuestión de Estado, donde ya no se valora lo futbolístico sino todo lo que lo rodea, y donde parece que sólo existen los equipos grandes y los pequeños se quedan a un lado. ¿Cómo valoras todo esto?
 
Creo que quita la esencia del fútbol. Hace años el que era del Zaragoza, Valencia o Atlético, por ejemplo, podía pelear por una liga, siempre tenía ilusión porque aspiraba a algo más. Hoy en día es muy difícil que un equipo así gane la Liga, todo lo engloban el Barça y el Madrid. Eso quita ilusión y es lo peor que puede pasar.
 
Haciendo una metáfora, ¿echas de menos el fútbol en campos de tierra?
 
De pequeñito, y hasta estando en el Barça, he jugado en campos de tierra, para que veas que allí te enseñan todo. Realmente no lo echo de menos porque lo que estoy viviendo ahora es muy bonito. He vivido la Segunda B, también con campos de césped artificial y yo valoro mucho el jugar y el poder entrenar en campos de césped, el jugar los partidos en La Romareda donde hay miles de personas… Yo que me desanimé muchísimo y me planteé dejar el fútbol estoy viviendo momentos donde estos pequeños detalles los cojo, los valoro y me hacen feliz.


 
Entrevista y Documentación: Kevin Serrano y Antonio Martínez Obón | @KevinSerranoJ / @A_Mtnez_Obon

Multimedia: Álex Villar | @Macvillu

Foto fija: Adrián Garasa | @a_garasa

Agradecimientos: Restaurante Marengo | @MarengoZgz

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