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Los días negros

Los días negros parecen haber vuelto al Real Zaragoza, pero lo cierto es que nunca se fueron. Nunca me ha gustado enarbolar la bandera del pesimismo, siempre había preferido quedarme con los detalles positivos, pensar que al final todo iría a mejor. Esto último lo sigo pensando, pero para ello el cambio y la renovación en la entidad blanquilla ha de ser radical. Mientras esto no sea así continuaremos viviendo la historia de la serpiente que se muerde la cola. Nos continuaremos alegrando cuando el equipo comience a parecer despegar, puede que hasta nos ilusionemos; para luego chocarnos de frente con la realidad cuando la situación se vuelva a dar la vuelta. Ésa es la realidad que estamos viviendo ahora mismo, tras unos buenos partidos donde los de Herrera se iban acercando poco a poco a los puestos de ascenso directo, ha vuelto el mal juego, los malos resultados y las miradas y dedos acusadores que señalan de lleno al técnico catalán. Los mismos que en su día ya señalaron a Víctor Fernández, Marcelino García, José Aurelio Gay, Javier Aguirre o a Manolo Jiménez. Y esto sin contar a Irureta, Garitano y Manolo Villanova, que no hubo tiempo casi ni de señalarlos.

Nueve –contando a Herrera- han sido los entrenadores que han pasado por el Real Zaragoza el tiempo durante el cual Agapito Iglesias ha sido el máximo accionista. Nueve. Se dice pronto. Todos ellos han servido de cortina de humo para el empresario de Navaleno y han parecido ser el mayor problema de cada proyecto que éste ha comenzado. Curiosos los casos de Marcelino, Gay y Aguirre, todos ellos cesados antes del parón navideño. Parón en el cual se aprovechaba para reforzar al equipo –con jugadores cedidos en su mayoría- en todas aquellas áreas donde no se había hecho correctamente durante el periodo estival, dándole al nuevo técnico un equipo prácticamente nuevo con el que conseguía salvar la categoría a las últimas de cambio. Ése fue el proyecto deportivo durante tres temporadas, parchear en invierno el mal trabajo del verano. Eso se pudo hacer hasta que las arcas estuvieron vacías, el año pasado ya no hubo regalos de Navidad para Jiménez y todo acabó en un descenso que ya se venía barruntando desde años atrás. Ahora Marcelino y Aguirre, dos de esos entrenadores que en su día parecieron ser los artífices del mal devenir del equipo, hacen un buen papel en el Villarreal y en el Espanyol. La diferencia es que allí, por mínimo que sea, sí que hay un proyecto deportivo.

Por todo esto cabe preguntarse si echar a Herrera es la solución. Desde luego la solución a largo plazo no parece serla, pese a que llegase un entrenador que lograse el ascenso, la experiencia ya nos ha demostrado que esta figura dentro del Real Zaragoza de Agapito Iglesias es un producto perecedero. A corto plazo tampoco parece que se trate de una fórmula mágica. Pese a que el técnico pueda haberse equivocado en más de una ocasión y muchas de sus decisiones sean más que cuestionables, no se puede obviar el hecho de que cuenta con una plantilla corta, débil en varias zonas y descompensada. Tampoco ayudan las diversas guerras extradeportivas que hay desatadas dentro del club. Y desde luego tampoco lo hace el que su dueño tenga que ir a declarar ante el juez este próximo jueves al ser imputado en el caso Plaza. Todos estos ingredientes los heredaría el supuesto heredero de Herrera, y lo acabarían envenenando al igual que a todos sus predecesores. 

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