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La historia de Karol Bielecki

2´02 de altura y unos 100 kilos de peso. Con esta descripción poco más se puede deducir sobre qué jugador de balonmano estoy hablando. Incluso podríamos pensar en un jugador de otra disciplina, como baloncesto. Ni siquiera si añado que juega con gafas, sería suficiente, aunque cerraríamos bastante el cerco a los candidatos.

Pero, ¿y si les dijera que este jugador perdió la visión total de un ojo, conllevándole casi la pérdida del globo ocular, y aun así decidió seguir practicando deporte a nivel profesional? Pues con todas estas características y añadiendo que el deporte es balonmano, sólo me queda presentarles la historia de Karol Bielecki.

Karol, nacido en Sandomierz (Polonia), empezó su carrera profesional en el KS Vive Kielce, el ahora temible equipo polaco con jugadores como Julen Aguinalgade, Jurecki, Strlek, Uros Zorman, Cupic o el propio Bielecki. Todos ellos liderados por el incombustible Talant Dujshebaev. Pronto, en 2004, llamó la atención de la liga de las Estrellas por excelencia, la bundesliga y fichó por el potente equipo del SC Magdeburg.

El equipo del norte de Alemania (punto cardinal cuna del balonmano teutón: Kiel, Flensburg, Hamburg, etc.), venía de haber ganado, en 2002, el máximo título continental en balonmano: la Copa de Europa. Si bien, en los años venideros, no consiguió plantarle cara a los colosos de la Bundesliga, con el Kiel como máximo exponente de esa supremacía.

En el último año de Karol Bielecki en el Magdeburg, los teutones lograron llegar a la final de la Copa EHF, el tercer título en orden de importancia en Europa (Por detrás de la Champions y de la Recopa). Enfrente, un equipo español muy conocido por todos: el CAI Balonmano Aragón.

21 de Abril de 2007. Pabellón Príncipe Felipe. Lleno hasta la bandera. Más de diez mil almas empujando al equipo naranja, enfundados en camisetas del mismo color con el dorsal de la afición: el “8”. EUROPA ES NUESTRA se podía leer en el tifo de una de las tribunas. El ambiente era de lo más espectacular y suponía todo un récord para el balonmano español. Jamás un evento de este deporte, había congregado a tanta gente.
El equipo zaragozano dominó el partido y llegó a disponer de rentas de 3 y hasta 4 goles, que se dilapidaron en los minutos finales. Pero a mí me bastaron tres segundos, tan sólo tres segundos, para poder contestar a la pregunta de ¿Quién es tu jugador de balonmano favorito?

Minuto 59:57. CAI Balonmano Aragón 30-29 SC Magdeburg. Balón en el centro del campo, falta para los alemanes. El árbitro para el cronómetro. Los aragoneses se repliegan y los, verdirrojos aquel día, toman posiciones en ataque. Su guardameta sostiene el balón. Al lado de él, un pelirrojo de 2´02 m. y unos 100 kilos de peso. El portero le cede el balón y aquel espigado jugador, para mí desconocido, fusila desde casi 20 metros la portería de Beno Lapajne y cuela el balón por la escuadra. Suena la bocina final y se hace el silencio en el Príncipe Felipe, sólo roto por los gritos de alegría de los jugadores del Magdeburg.

Y yo, que allí estaba con mi bufanda del CAI, la camiseta con el número 8 y unos aplaudidores, me quedé atónito ante lo que acababa de presenciar. Enrabietado por el empate, miré el folleto para ver quién era el número 8, que de esa manera tan brutal, había abusado de los sueños de toda una afición. Y era él, Karol Bielecki. Pero, por alguna extraña razón, con el tiempo, fue pasando de villano a héroe, al revés de cómo suele ser.
El CAI, como todos sabemos, perdió en la vuelta y con ello, la copa EHF, tras otra gran actuación del polaco.

Después de ganar ese trofeo, se marchó a otro equipo alemán, el Rhein-Neckar Löwe, donde permaneció hasta que el año pasado firmó de nuevo por el club que le vio nacer como profesional.
Pero en Junio de 2010, la vida de Karol Bielecki cambiaría drásticamente. En un partido amistoso frente a la selección de Croacia, recibiría un golpe fortuito en el ojo, en una acción con Josip Valčić, que le dejó en estado muy grave tanto el párpado como el globo ocular izquierdo. Después de varias operaciones, Karol perdió la visión de ese ojo y los médicos le recomendaron dejar la práctica deportiva. Y así fue como lo anunció.

Pero a las pocas semanas, Bielecki se retractó y en unas declaraciones a la prensa de su país, dijo que volvería a jugar. Y así fue. Ataviado con unas enormes gafas de plástico, el jugador polaco sigue siendo aquel lanzador robusto de antaño. Incluso a los pocos meses de su regreso, logró marcar 11 tantos en un solo partido. Una locura para alguien que ha tenido que sufrir esa lesión. Parece que su retirada definitiva, aún está lejos en el tiempo…

Por cierto, no lo he nombrado durante todo el texto, pero Karol Bielecki es internacional con Polonia donde ha disputado casi 200 partidos y ha marcado más de 700 goles. Muchos de ellos tras su accidente.

Y no quiero cerrar esta columna sin mencionar una anécdota personal. La única ocasión en la que pude conocerle personalmente, fue durante el Mundial de Balonmano de España 2013. Intenté por todos los medios, conseguir su camiseta, pero no hubo manera humana. A sabiendas de que era algo que no lograría, traté de hacerme una foto con él, algo que conseguí, pero pese a mis denostados intentos de sacarle una sonrisa (o algo más), me quedé con el recuerdo “tan solo” de la foto, la cual guardo como oro en paño, claro está.

Y lo que son las cosas. Días después tuve la ocasión de conseguir la camiseta de Croacia a condición de que fuera de un jugador al azar. ¿Sabéis cuál llegó a mis manos de casualidad? El 22 a la espalda con el nombre de Josip Valčić…

Comentarios

Sigue así que nos encanta leerte, cada lectura es una pequeñas muestra de la historia del Balonmano.. gracias.

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