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Hagan juego

Qué bonito es el deporte. A ritmo frenético. Sin un suspiro. Después de la Copa del Rey, llega la Eurocup. Ni un minuto para digerir nuestras semifinales, ni el triple de Llull. Cuando quieres darte cuenta, los jugadores del CAI han partido hacia Croacia. El baloncesto no para. Ni por Navidad. Ni por la Copa. Por nada. Después de jugar dos partidos en menos de 72 horas, un viaje de miles de kilómetros. De regreso, otro para arribar a las Islas Afortunadas y comenzar la lucha por los Play Offs. Como si quisieran que los periodistas recuperásemos nuestros manidos titulares. "El espectáculo debe continuar", "Sigan, sigan", "Que el ritmo no pare". Bendita competición, bendito ritmo frenético que nos hace ver el baloncesto, disfrutarlo, cada tan pocos días. Un regalo que el CAI presenta a su afición gracias a los mejores momentos de su imberbe historia.

Hace unos meses cada 7 días se hablaba de una final. Eran  por la Copa, por los Play Offs, por Europa... Ahora son cada 3 ó 4 días.  El deporte no entiende de planificaciones, sino de urgencias. Entiende el siguiente reto, pero no recuerda el último. Se alimenta de la ilusión que viene pero no del fin de semana pasado. Vive de esa insulsa trascendencia que parece exigirnos jugarnos el todo por el todo cada domingo y cada miércoles. Liga, Eurocup y ahora también Copa. El doble de partidos, pero la misma exigencia. Es deporte. Sólo deporte.

Y el equipo resiste, dando la cara. La imagen de Michael Roll quitándose las vendas de su maltrecho dedo en el banquillo contra el Real Madrid resultó, según el entender de un servidor, la mejor descripción de este CAI. No somos una plantilla amplia. Cada año reconstruimos nuestra columna vertebral. Por muy bien que fichemos, por muchos conejos que saque Willy del sombrero, la calidad o la táctica se pueden ver superados por un vendaval blanco de talento. Pero estamos ahí. Cada año superando expectativas. Yo creo que este CAI no salta los muros que se le ponen por delante. Hace tiempo que ha cogido un ariete y los va derribando.

Porque si esta Copa nos ha revelado algo del CAI es su carácter. Carácter para quitarse las vendas porque no te dejan recibir bien el balón y, aunque has cumplido con creces, quieres y necesitas más. Carácter para saber que, a pesar de volver de Málaga con los aplausos de una afición en la mochila, eso no sirve de nada. Ni a la afición, ni a los jugadores. Sirve concentrarse en el Cedevita y luchar en el Last 32. Pasar de ronda o caer con orgullo, Y 24 horas después, olvidar el triunfo o el fracaso y viajar a Canarias con un cuchillo entre los dientes, porque la Marea exige devolver la dolorosa afrenta de la primera vuelta. Esto no para, ni tiene pinta de que vaya hacerlo en los próximos meses. Disfrutaremos del basket. Pasó la Copa. Vuelve Europa. Hagan juego.

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