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Es lógico, Charlie Brown

Recuerdo que de pequeño me pasaba horas y horas delante de la televisión viendo dibujos animados cuando me quedaba por las tardes en casa de mis abuelos. Recuerdo que de vez en cuando echaban una serie que se llamaba ‘Peanuts’ –aunque yo pensaba que su nombre era ‘Snoopy’- que contaba la historia de un chico, su perro y sus amigos. El protagonista se llamaba Charlie Brown, los más mayores del lugar lo recordarán como ‘Carlitos’. No recuerdo demasiado de su argumento, quizás algunas escenas típicas como en la que Snoopy estaba durmiendo sobre el tejado de su caseta o en la que bailaba encima del piano mientras un chico rubio –que ahora sé que se llama Schroeder- lo tocaba. Pero una escena que sí recuerdo perfectamente es una en la que Charlie Brown abría su armario y se encontraba un montón de perchas de las cuales colgaba siempre la misma ropa: una camiseta amarilla con una franja negra y unos pantalones negros. Ésa era y es su ropa, aquella con la que te imaginas a Charlie Brown cuando piensas en Charlie Brown. Si llevase otra ropa ya no sería él, o al menos no sería el mismo. Esta idea es recurrente en dibujantes que buscan que sus personajes queden fácilmente grabados en la mente del público y lo hemos visto en miles de casos; por nombrar alguno de ellos ahí están el mítico Mickey Mouse, Astérix y Obélix o Homer Simpson. La ropa es una manera clave con la que sus creadores los dotan de una identidad característica. Paco Herrera, sin embargo, no tiene el recurso con el que contaba el creador de Peanuts, Charles Schulz, para darle al protagonista de su serie siempre la misma vestimenta. Cuando el catalán abre su armario para cambiar el traje de gala de su equipo sólo encuentra jerseys que no combinan, corbatas que desentonan, pares de calcetines sueltos y algún que otro pantalón parcheado.

Una de las prendas más importantes de este traje es sin duda César Arzo. El técnico blanquillo se lamentaba al finalizar el encuentro de que el central había faltado en el partido que quizás más lo habían necesitado. Pero también decía que el que había jugado era el que tenía que hacerlo, y que le había puesto muchas ganas. Entre líneas nos estaba contando que el día que falte el castellonense el equipo las va a pasar ‘canutas’ atrás; porque su mejor sustituto, Laguardia, sencillamente está muy lejos de su nivel. Y tras Laguardia, el vacío; porque el único central que nos queda en la plantilla es Javier Paredes, que hasta hace nada estaba apartado del equipo y no se sabe si acabará contando para Herrera. Imaginemos que para un partido Arzo está lesionado y Álvaro sancionado –algo que no sería muy difícil-, sólo de pensarlo dan ganas de echarse a temblar.

En el centro del campo la cosa no está mucho mejor. Sin contar al excluido Movilla y a un José Mari en la misma tesitura que Paredes, la suma total de mediocentros defensivos es de cuatro: Paglialunga, Acevedo, Cidoncha y Tarsi. Teniendo en cuenta que en el sistema actual de Paco Herrera aparece un doble pivote defensivo, las amonestaciones que acarrean este tipo de jugadores y las lesiones que llevan acompañando a alguno de ellos a lo largo de la temporada, no sería descabellado pensar en que haya déficit de efectivos para esta posición en más de un partido de la temporada. En el doble pivote ofensivo más de lo mismo, Luis García, Víctor, Barkero y la posibilidad de retrasar a Montañés, que ahora está ocupando el puesto de delantero es todo con lo que cuenta el entrenador. Arriba, el mencionado Montañés, Roger y Henríquez para dos posiciones. Aquí podríamos a añadir a Diego Suárez, pero hasta ahora ha contado muy poco para el técnico de Barcelona.

Todo esto suena a poco. A muy poco. No hace falta ser adivino para atisbar que más de un partido tocará jugarlo con parches o jugadores fuera de su posición. Eso o cambiar el sistema cada vez que surja un imprevisto, no tener una identidad determinada; con los riesgos que conlleva y con lo que ha costado conseguir una. Si esto fuese un capítulo de Peanuts, su título sería: ‘Es lógico, Charlie Brown’. Lógico que ocurran descalabros, como en el último partido frente al Barça B, en zonas que no se han reforzado lo suficiente. Lógico que cuando los que se encargan de hacer la planificación deportiva no han hecho bien su trabajo sea muy difícil conseguir los objetivos esperados. 

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