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El inicio de la edad de oro

Decía Guardiola en una conferencia en Colombia que de niño la pasión no se entrena, que el mero contacto con el balón es lo que despierta o no el instinto de un chaval para quedar prendado de por vida. Esa misma pasión se acabaría despertando en aquellos jóvenes aficionados del Real Zaragoza que la tarde del 13 de febrero de 1994 acudieron a La Romareda para ver como su equipo intentaba plantar cara al mejor Barça de la historia.
           
El ‘Dream Team’ de Johan Cruyff llegaba al partido en un momento delicado. Tras vencer por 5-0 al Real Madrid en la jornada 18, el equipo culé había entrado en un bache de resultados –dos derrotas y un empate en las cuatro jornadas siguientes– que le había distanciado a cuatro puntos del Deportivo de la Coruña –entonces las victorias valían dos puntos–, que serían seis si caían ante los maños, lo que dejaría casi como un imposible la conquista de su cuarta Liga consecutiva. El Real Zaragoza estaba firmando hasta el momento una campaña liguera que no pasaba de discreta (marchaba 10º en la clasificación), y las alegrías solo llegaban en el torneo copero donde le aguardaba el Betis en semifinales tras haberse deshecho del Sevilla en cuartos de final.
           
El partido había levantado una expectación tremenda en Zaragoza y las taquillas registraron la mayor recaudación de la historia del club –alrededor de 65 millones de pesetas (poco menos de 400.000 euros)–. Víctor Fernández, admirador confeso de la filosofía de fútbol de Cruyff, había avisado en la previa que iba a salir valiente, y desde luego que no era un farol. El técnico, de solo 33 años, sacó el once de gala, el mismo que conquistaría la Recopa de Europa 15 meses después, con la salvedad de Nayim que dejaría su puesto a José Aurelio Gay. La alineación ni se preguntaba: Cedrún bajo palos, con Belsué y Solana en los laterales, Aguado y Cáceres pareja de centrales, Santi Aragón de centrocampista puro, Gay y Poyet como interiores, y Esnaider en punta flanqueado en los extremos por Pardeza y el ‘Paquete’ Higuera.

Cruyff, por su parte, contaba con la baja por sanción de Stoichkov –expulsado la jornada anterior en la que el Barça había caído por 2-3 ante el Athletic de Jupp Heynckes–, por lo que los tres extranjeros en el campo –aún no se había aprobado la Ley Bosman, por lo que solo se podía alinear un máximo de tres jugadores foráneos– serían Koeman, Laudrup y Romario.
         
El partido fue emotivo desde los prolegómenos. El defensa central del Real Zaragoza, Narcís Julià –actual secretario técnico del FC Barcelona–, que había anunciado su retirada de los terrenos de juego tres meses antes por una grave lesión en los ligamentos de su rodilla derecha, fue homenajeado, hizo el saque de honor y se llevó una ovación atronadora de La Romareda.

El planteamiento de Víctor Fernández fue brillante. Desde el primer segundo el Zaragoza ahogó las dos alternativas en la salida de balón del equipo de Cruyff, ejerciendo un pressing asfixiante sobre Guardiola –hay momentos del inicio en que tiene hasta tres jugadores encimándole–, que recibía constantemente de espaldas sin posibilidad de girarse, y sobre el desplazamiento en largo de Ronald Koeman, que se vio superado por la avalancha maña. Así, en el minuto 5, una pérdida culé en zona de tres cuartos propició una contra vertiginosa lanzada por Higuera, que aprovechando los problemas de la zaga azulgrana para correr hacia atrás en el repliegue, abrió a la izquierda donde Esnaider entró hasta la cocina para regalarle el gol al ‘Negro’ Cáceres, que desde su posición de central había acompañado la contra desde el inicio.

Tras el gol, el Barça siguió atacando de la misma manera, pero la defensa adelantada era un caramelo para la agresiva presión blanquilla, que hacía de cada robo una oda al contraataque. En ataque organizado la exhibición ofensiva no se detenía, y de esta manera llegó el 2-0. Santi Aragón recibió de espaldas en la posición de ‘10’, y como si tuviera ojos en la nuca habilitó a Belsué, que le ganó la espalda a Sergi, apuró línea de fondo y asistió a Gay que incorporándose desde la segunda línea fusilaba a Zubi. El gol causó el delirio en la grada, provocando una avalancha en la zona que ocupa la peña ‘Ligallo’, que hizo que las vallas se desplomaran y una multitud de chavales cayera al foso, con un balance de 14 heridos, la mayoría con diversas fracturas.
           
El Barça despertó en ataque. Romario avisó con un balón al poste, pero en la siguiente jugada no perdonó. Laudrup recortó a Gay para con un pase exquisito asistir a al astro brasileño, que de disparo raso al palo largo batía a Cedrún. Había transcurrido media hora de partido y el duelo de ataques era precioso para el espectador. En un último arreón zaragocista antes del descanso, Esnaider aprovechaba una indecisión de Koeman en un balón largo para plantarse delante de Zubizarreta, y aprovechando la tardía salida del meta vitoriano, ponía de vaselina el 3-1 en el marcador. El gol noqueó al Barça, que repitió errores. Insistió en sacar el balón jugado, pero la nula confianza y el empuje zaragocista hacían de esto un drama. Con el tiempo cumplido, un nuevo robo de balón en campo culé permitió desplegar una contra que acabó en otro gol de Esnaider antes de mandar a los equipos a vestuarios. El delantero argentino fue enloquecido a celebrar el gol con el banquillo donde besó la calva de Kabir (fisioterapeuta pakistaní del equipo e institución dentro del vestuario), costumbre que había implantado el ‘Paquete’ Higuera. La hinchada blanquilla no daba crédito, y  la prensa catalana se apresuraba a poner punto y final al glorioso ciclo del Barça de Cruyff.
           
En el vestuario maño estaban alucinados con ellos mismos. La perspectiva de grandeza del rival la ilustra perfectamente Gustavo Poyet –actual entrenador del Sunderland– en la biografía de Hristo Stoichkov: “Parecerá paradójico pero durante el partido me llevé una gran impresión de aquel Barcelona. Fuimos siempre por delante y en cambio estábamos asustadísimos. En el descanso ganábamos 4-1 y hablábamos de no perder la compostura si se nos acercaban en el marcador. Teníamos miedo y un gran respeto por nuestro rival. El Barça siempre es el Barça. Y lo acabó demostrando”.           
                 
El conjunto azulgrana regresó al césped decidido a meterse en el partido cuanto antes, y no tardó ni dos minutos en acortar distancias. Romario recibió de espaldas en la frontal, se giró perfecto para abrir a Amor, Iván Iglesias le dobló en banda y le regaló un pase de la muerte a Laudrup que solo tuvo que empujar para dar oxígeno a los culés. El Barça siguió llegando al área con facilidad, pero en lo decisivo Laudrup era lo único clarividente en ataque, dado que Aguado y Cáceres mantuvieron aislado a Romario, que a pesar de marcar no estuvo cómodo en ningún momento. Cuando peor lo estaba pasando el Zaragoza, un pase frontal desde 40 metros de Fernando Cáceres a la espalda de la defensa culé lo aprovecha Higuera, que con una vaselina preciosa hacía inútil la salida a la desesperada de Zubizarreta. La Romareda estalló. Con el seleccionador Javier Clemente como espectador de lujo, el clamor popular rogaba por la convocatoria del delantero extremeño para un Mundial de EEUU que estaba a la vuelta de la esquina, y al que para sorpresa de todos no acudiría ningún jugador de aquel Zaragoza.
           
Todavía restaban 25 minutos de partido y la sangría de ocasiones no cesaba. La desarbolada defensa culé era un chollo para la velocidad de los delanteros zaragocistas que castigaban severamente cada espacio concedido. El sexto gol se fraguaba igual que el quinto. De nuevo un balón largo –esta vez de Santi Aragón– buscando la velocidad de Higuera y de nuevo una salida en falso de Zubizarreta –que midió fatal la distancia con los centrales durante toda la tarde–. El ‘10’ del Zaragoza burreó al meta de la Selección con amagos y recortes fuera del área, para acabar asistiendo a Poyet que firmaba el sexto. La goleada era histórica. Había que remontarse 32 años para ver un equipo que le marcara seis goles al Barça. Desde que el Valencia bicampeón de la Copa de Ferias le ganase en el Luis Casanova por 6-2 en noviembre de 1961, ningún equipo había sido capaz de endosarle media docena de goles al equipo azulgrana.
           
Un minuto después, Romario descontó para los culés poniendo el 6-3 que a la postre sería definitivo. Durante el cuarto de hora que quedaba hasta el final Higuera continuó con su exhibición de conducción y regate, y en una de estas finalizó con un centro al segundo palo que empaló Gay, y solo el poste evitó que la goleada fuese más escandalosa si cabe. Cuando el encuentro agonizaba, Guardiola se ganó la segunda amarilla por protestar –la primera había sido por la misma razón– representando la impotencia de un equipo desbordado por la situación. Con el pitido final La Romareda explotó de júbilo, orgullosa de un equipo cuyos límites estaban donde sus propios jugadores quisieran ponerlos.

Suponía un punto de inflexión para ambos equipos. Días después, Johan Cruyff asumía haber tocado fondo, pero aseguraba que esta derrota serviría a su equipo para darse cuenta de sus debilidades, lo que le permitiría remontar y llegar al final en plenas condiciones para ganar la Liga. El mensaje sonó a farol, pero no lo era. De los 15 partidos que restaban para finalizar el campeonato el Barça ganó 13 y empató 2, lo que le permitió conquistar de forma agónica su cuarta Liga consecutiva tras el fatídico penalti fallado por Djukic, cuatro días antes de caer en Atenas por 4-0 en la final de Champions ante el Milán de Capello, cerrando una etapa gloriosa de un equipo increíble.

Para el Zaragoza, la goleada supuso el convencimiento interno de las posibilidades que se le adivinaban desde fuera a un equipo que rebosaba talento. A partir de aquí el equipo firmó un tramo final de temporada magnífico que le permitió acabar tercero por delante del Real Madrid, al que goleó por 4-1 en la última jornada del campeonato en otra tarde mágica de La Romareda. La guinda la pondría en el Vicente Calderón venciendo por penaltis en la final de Copa del Rey al Celta de Vigo, y logrando el pasaporte a una Recopa que marcaría para siempre la historia de este club.

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