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El club de la lucha

Este domingo fue un día de cine. Algunos ingenuos creerán que por la gala de los Goya, aunque lo verdaderamente cinematográfico fue la final de Copa vivida horas antes. El partido protagonizado por Real Madrid, a la postre campeón del torneo, y Fútbol Club Barcelona fue antológico. No en vano, registró la mejor audiencia televisiva de un encuentro copero en el presente siglo. El dato puede ser bueno, aunque tiene su lectura negativa. Por una parte, aquellos espectadores que se acercaran de manera casual encontraron un espectáculo capaz de enganchar como el Candy Crush. En el otro lado de la moneda, la cifra, especialmente comparada con la registrada por el resto de choques, denota un interés casi exclusivo en la rivalidad entre los dos grandes clubes de fútbol, trasportada de manera circunstancial al ámbito de la canasta.

 

Sea como fuere, el duelo fue tremendo y supuso el broche perfecto a un fin de semana para recordar. También para el CAI Zaragoza, que previamente había hecho historia colándose en semifinales por primera vez en su historia. Lo de los rojillos en Málaga fue de película. Me hubiera gustado encontrar un símil con alguna de las que compitieron por llevarse el Goya, pero solo he visto 'La gran familia española' y ésta me pareció un aburrimiento al nivel de contar piedras. Desde luego, lo realizado por el equipo dirigido por José Luis Abós se merece una comparación mucho más excitante. Por ello, y como esta columna se escribe generalmente en primera persona, no dudo en acudir a mi indefinido y siempre cambiante top 10 de películas favoritas.

 

En él permanece inamovible desde el primer día 'El club de la lucha'. Sin duda, pocos filmes me han marcado más que el basado en la novela de Chuck Palahniuk. Su atractivo visual y su temática rompedora, alejada del discurso un tanto conservador que solía emanar de Hollywood, logró atrapar a mi yo adolescente con la misma fuerza que en su momento lo había hecho el primer VHS de Michael Jordan que ruló por el patio del colegio. Supongo que se trató de la cinta adecuada en el momento adecuado. Una película poliédrica en la que, más allá de su inspiración nihilista o de su impactante giro de guión final, me fascinó la continua búsqueda de libertad realizada por sus personajes. Algo a lo que Tyler Durden, el co-protagonista interpretado por Brad Pitt, se refería como “tocar fondo” y que suponía una espiral de desalineación social que se imponía, incluso, sobre el dolor físico. Así se representaba en aquellas interminables sesiones de pelea sin tregua que finalizaban con ambos oponentes machacados pero felices. La sangrienta manera de representar que, al final, ningún miembro del club tenía miedo a nada. Ni a su muerte.

 

El CAI Zaragoza tampoco tiene miedo. Al menos, no lo tuvo en Málaga. En su caso no ha tocado fondo, más bien el cielo, pero sí que se liberó de todas las etiquetas que a menudo suelen encorsetar el deporte profesional. Las mismas que dictaban que en su eliminatoria contra Unicaja lo esperable era que pasara el conjunto local. Se evadió del factor ambiental en contra y de que su presupuesto era, prácticamente, tres veces inferior al de sus rivales. Hechos que no achantaron a un equipo dispuesto a responder a un único veredicto; aquel que se dicta sobre el parqué después de 40 minutos cara a cara. Y como ya ocurriera en Liga, el baloncesto determinó que el equipo zaragozano es mejor. Que su sitio está entre los cuatro primeros de la ACB, el mismo lugar en el que terminó la pasada campaña.

 

De la misma manera que, en semifinales, se demostró que el Real Madrid todavía está demasiado lejos. Pero tampoco importó demasiado. Como los miembros del ínclito club, el CAI cayó derrotado pero feliz. Porque sabe que, a pesar de las dificultades implícitas en esta temporada de dos compromisos semanales, al final todo depende de sí mismo. Es libre. Eso sí, deberá recordar que, en palabras de Durden, “el tocar fondo -y, por favor, que no se entienda esto en sentido literal, sino como estado de liberación absoluta, casi primitiva- no es un retiro de un fin de semana, no es un maldito seminario”. El miércoles espera el Cedevita en Zagreb, así que CAI “deja de intentar controlarlo todo y suéltate de una vez. ¡Suéltate!".

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