Logo Aragon Sport

El primer periódico multimedia del
deporte en Aragón
Logo Facebook Logo Twitter



Logo Tinta de Emborronar

Crónicas marcianas

Cuando me enteré del regreso de Víctor Muñoz al Real Zaragoza y tras la respuesta alegre y casi eufórica de una parte importante de la afición me vino a la cabeza un libro que leí estando en el colegio cuyo nombre era ‘Crónicas Marcianas’. Su autor es Ray Bradbury –el mismo que escribió el célebre ‘Fahrenheit 451’- y realmente es una recopilación de relatos en los que narra las diferentes expediciones que realiza el ser humano a Marte hasta que acaba colonizándolo. Uno de estos relatos se titula ‘La tercera expedición’ y es probablemente el más afamado de todos los que aparecen en el libro. En él cuenta como una tripulación de dieciséis astronautas llegan al planeta rojo y lo primero que se encuentran es una especie de recreación de un pueblo estadounidense de los años 20. Si esto no fuera poco, descubren que en él viven seres humanos; y si todavía no era suficiente, resulta que éstos son en realidad sus antepasados fallecidos. Ahí es nada. Imaginemos cuáles podían ser los sentimientos de un grupo de aventureros que estaban perdidos y desorientados en un nuevo planeta al encontrar en él a todos los seres queridos a los cuales creían que nunca más iban a volver a ver. El aficionado zaragocista me recuerda a estos personajes, perdido y despechado tras muchos años de sufrimiento vagando por unos mundos a los que no está acostumbrado y siguiendo a un equipo que parece un completo desconocido. Ahora, sin embargo, la realidad parece ser otra. Con la llegada de Víctor Muñoz, el aficionado blanquillo parece reconocer en el Real Zaragoza facetas que se creían olvidadas, y vuelve a ver en él unos pequeños rasgos de lo que en su día fue. Como un hermano, hijo, padre o amigo que parece haber vuelto a la vida.

Sin embargo, en la historia de Bradbury, lo que parece que vaya a ser un final feliz para sus protagonistas, acaba siendo un desenlace trágico y desolador. Cada uno de ellos acaba durmiendo con los que habían sido sus padres, en la que había sido su casa, en la misma cama donde dormían cuando eran niños. Es ahí donde el capitán de la nave empieza a pensar en frío. Empieza a dudar de lo idílico de ese lugar y de sus habitantes. Empieza a imaginar en su cabeza un plan macabro en el cual los marcianos, sabiendo de su llegada y utilizando sus poderes telepáticos, han recreado a la perfección un pueblo de su país y se han hecho pasar por sus familiares muertos, para así aturdir completamente sus sentimientos y poder acabar con ellos fácilmente. Un plan macabro que a la postre acaba siendo real. Un plan perfecto. Yo, como ese capitán; tras la alegría que me supuso saber que sería Víctor Muñoz el encargado de dirigir al equipo en los próximos partidos, ahora pienso en frío. Quizás sea porque con el paso de los años el ‘piensa mal y acertarás’ esté completamente ligado a la actualidad zaragocista. El caso es que veo un plan perfecto, un plan en el que a los pocos días del décimo aniversario de la última gran gesta del Real Zaragoza se está presentando como entrenador al que fue el gran artífice de dicha conquista. Parece sacado de un cuento de hadas. De repente, ya nadie se acuerda de Paco Herrera, ni de los dos puntos que separan al equipo del descenso, ni de la racha de siete partidos sin conseguir la victoria, ni del último desastre contra la Ponferradina, ni de Movilla, ni de Paredes, tampoco de Pitarch. Sólo ven a Víctor Muñoz levantando con sus manos la Copa del Rey de Montjuïc. Yo también lo veo, pero todo me acaba dejando un regustillo que me recuerda a los famosos golpes de efecto de Agapito Iglesias, y eso me inquieta.

Montañés nos comentó en una entrevista hace un tiempo que el entrenador es una pieza importante dentro de un equipo, pero que al final los que juegan son los jugadores. Algo tan básico y elemental como esto parece que lo estemos obviando esta vez. Porque los mimbres con los que dispone el nuevo técnico zaragocista son los que son, y nada tienen que ver con los que en su día tuvo. El mismo déficit en las diferentes zonas del equipo con las que contaba Herrera será con las que cuente Muñoz, a no ser que suba a gente del filial y éstos respondan. Habrá que confiar en su faceta motivacional y en que logre dar con una disposición táctica  que dote al equipo del rigor defensivo del que siempre han hecho gala sus equipos y que mejore sustanciosamente también en la zona de arriba. Haga lo que haga va a ser difícil llegar a buen puerto y todo va a quedar a expensas de la respuesta y el buen hacer de los jugadores.

“Un hombre no hace muchas preguntas cuando su madre vuelve de pronto a la vida. Está demasiado contento".  Así reza una de las frases más conocidas del relato. El aficionado zaragocista, tras todo lo vivido, sí que debería hacérselas. Debería hacérselas antes de lanzar las campanas al vuelo, antes de pensar que con el retorno de Víctor Muñoz se cierra un círculo y que a partir de ahora todo volverá a ser como antes. Porque manteniendo los pies en el suelo es la única forma con la que evitas estrellarte.

Añadir nuevo comentario