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Crónica de un despido anunciado

Paco Herrera ya es historia. Una víctima más para la lista de Agapito Iglesias, coleccionista de esquelas de entrenadores y futbolistas. Una muesca más en el revólver de Jesús García Pitarch, amante de los despidos y acuerdos amistosos. Todos lo sabían, incluso el propio técnico, pero nadie hizo nada por evitarlo. El autodenominado “entrenador más fuerte de toda la categoría” ha visto como el hilo sobre el que pendía la espada del despido se ha rasgado tras el indigno ridículo en Ponferrada. Ese hilo ya no podía soportar más peso ni más ridículos.
 
El técnico, nada más desembarcar en Zaragoza, se presentó en La Romareda proclamando su intención de pacificar un ambiente hostil. Sin embargo, éste cada día amanecía más intoxicado por virus llegados desde los despachos y la ausencia de vacunas en forma de juego y resultados. Al final, el ambiente caótico, hábitat natural de la era de Agapito, ha acabado por devorar a Paco Herrera.
 
El despedido, ya preveía en verano que la carrera tendría obstáculos, pero no imaginaba tantos. Las vallas se han multiplicado y el ya de por sí tortuoso camino hacia el ascenso se ha convertido en un martirio para el entrenador. La confección veraniega de la plantilla ha resultado desastrosa y se remedió insuficientemente en invierno. Por si fuera poco, se dinamitó el vestuario con bombas en forma de despidos de algunos de los pesos más pesados del vestuario, aparecieron continuas filtraciones interesadas, denuncias de impagos y la amenaza constante del cese acechándo al técnico tras cada revés. Pocos serían capaces de pilotar una nave así y Paco Herrera no está entre ellos.
 
Desbordado por los acontecimientos, no ha conseguido reconducir la situación sobre el césped. Tras innumerables volantazos infructuosos durante treinta jornadas, en un campeonato de una calidad ínfima, el Real Zaragoza vive más cerca del descenso que de los puestos de promoción. Tan débil en defensa como dócil en ataque, el equipo de Herrera ha demostrado una debilidad futbolística y psicológica alarmante. Nadie sabe a qué ha jugado el equipo de Herrera ni qué hacían jugando algunos futbolistas cada fin de semana. 
 
El destino ha querido que el cese de Paco Herrera se produzca en el décimo aniversario de la final de Montjuic. Aquel día, Cuartero levantó la sexta Copa del Rey del Real Zaragoza antes de dejarse utilizar por Agapito Iglesias. Aquel día, Movilla asistía a Galletti para diez años después ser tratado como un mercenario. Aquel día, el Real Zaragoza tenía un entrenador aragonés y canteranos de verdad como Lainez, Cani, Generelo o Soriano y futbolistas como Savio, Villa o Gaby Milito. Resulta obvio que el gran problema de este club no se encontraba en el banquillo, pero de ahí tampoco surgía solución alguna. Suerte a la próxima víctima. Va a necesitar mucha.
 
Spoiler: se llegará a un acuerdo económico con el entrenador recién cesado, pero de continuar los actuales dirigentes Paco Herrera acabará demandando por impago al Real Zaragoza.

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