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Óscar Mainer: "Nadie supo prever la actual situación del balonmano"

Con un perfil alejado a raudales del cargo que ostenta, vistas su juventud y trayectoria, el presidente del Balonmano Aragón desborda serenidad, aplomo y un gran sentimiento hacia el deporte que desde pequeño se convirtió en su plan de vida. AragonSport compartió una larga charla con Óscar Mainer Sanmartín (Zaragoza, 1969) en la que la actual y agónica situación del balonmano profesional se convirtió en portada principal.

Óscar Mainer, presidente del Balonmano Aragón. ¿Se acostumbra a esta denominación, presidente?

No, todavía no. Sólo a la responsabilidad. Sí es cierto que sigo intentando hacer lo mismo y por supuesto ser una misma persona, pero no pensaba que iba a acabar en este cargo. Es una responsabilidad más que hemos asumido y a ver si entre todos conseguimos que sea positiva.

Supongo que uno siente orgullo siendo presidente del club por excelencia de su ciudad del deporte de toda su vida.

Sí. Pero más que un orgullo es una responsabilidad. Es una situación difícil. El hecho de intentar conseguir sacarlo adelante, que siga habiendo balonmano en Zaragoza, y sobre todo, que en este momento sea un proyecto que se está identificando mucho con los jugadores de la tierra: es muy bonito.

¿Cómo fue la propuesta del club para convertirse en su máxima representación?

Se propuso al salir del concurso de acreedores. La anterior junta mostró claramente su decisión de salir y de finalizar su ciclo, y en ese momento no había personas que estuvieran cercanas al club y con la posibilidad de asumir ese compromiso. Se orientó a que las labores de gerente del club, que yo estaba realizando, abarcaran también la presidencia. Fue un verano convulso, ya que también costó encontrar compañeros en la junta directiva, aunque poco a poco lo hicimos, pero el único que tenía la disposición de asumir ese cometido era yo.

Coge al club en el momento económico más difícil de su historia.

Sí. Quizá por eso también se ha producido esta situación. He soñado con jugar en divisiones inferiores, con jugar en la ASOBAL y con la posibilidad de ser Internacional, pero nunca había soñado con ser presidente. No es el sueño normal de un jugador. Yo siempre he considerado que he sido jugador, y en algunos momentos aún me siento así. Siempre pensaré como tal. Luego la trayectoria de jugador se finaliza y la vinculación con el deporte te lleva a otros puestos.

¿Qué balance hace de su estancia en la presidencia?

Hasta la fecha está siendo duro, pero también tiene momentos bonitos. Es una etapa de muchas emociones, tanto para lo positivo como para lo negativo. Lógicamente, lo positivo viene marcado por lo deportivo y por el cariño de la gente, y lo negativo por la dificultad económica que está suponiendo sumar el momento económico actual a nuestro difícil entorno. Está siendo complejo.

El BM Aragón no pasa por buenos momentos pero usted es un hombre creativo. Crowdfunding. ¿Cómo surge la idea?

En la junta ya surgió hace tiempo la posibilidad, pero quizá no la valoramos lo suficiente. Puede que a partir de tomar la decisión de dejar marchar a jugadores, debido a la situación económica, la tomamos más en serio. Lo comenté con Jorge Molina y Mariano Ortega, y vimos una posibilidad de financiación de proyectos en dificultades. Dijimos: “nosotros cumplimos todas estas premisas. Vamos a probar”. Nos informamos, buscamos la creatividad, los premios y cómo podríamos retornar a la gente una recompensa. Y al final apostamos por ello. Ha salido bien porque cuando el trabajo tiene recompensa, siempre sale bien, da igual que sea mayor o menor. Muchas veces nos ciframos en el volumen y lo importante y la esencia es que todo tenga un beneficio.



Otros proyectos deportivos para clubes referencia en Aragón también intentaron esta fórmula. ¿Se inspiró su crowdfunding en el fallido y conocido intento de compra del Real Zaragoza?

Aquel fue un proyecto muy ambicioso, era mucho dinero. Al fin y al cabo nosotros intentamos que todo fueran recompensas. Que la gente tuviera un atractivo, que quisiera colaborar. Marcando aportaciones muy pequeñas y recompensas variadas siempre puedes llamar la atención y que la gente tenga una experiencia diferente.

El club pidió 20.000€ en dicho crowdfunding y no ha conseguido alcanzar esa cifra. Aunque se ha llegado a los 12.000€ (60%), consiguiéndose así una prórroga de tiempo. ¿Cómo lo valora? ¿Cree que pueden llegar a la cifra estipulada inicialmente de 20.000€?

Ahora el objetivo es poder llegar a los 20.000€. Sobre todo ha funcionado muy bien en los partidos. La gente todavía tiene cierto reparo al pago virtual y el empujón ha venido con los aficionados que han venido al pabellón, han aportado y se han llevado sus recompensas. Yo lo valoro mucho. Te quedas con lo positivo: el cariño de la gente. Pero vamos a intentar conseguirlo. Mucha gente no las tenía todas consigo de que íbamos a logarlo. Íbamos día a día y si la cosa se paralizaba intentábamos hacer cosas nuevas. Ha habido iniciativas que nos ha dado un empujón muy grande. Entidades o sociedades como las chicas de la Escuela de Danza, clubes de Balonmano como Balonmano Maristas o Balonmano Cuarte, o la Artillería.

La afición está respondiendo ‘contra cierzo y marea’…

El lema ha quedado. Le dimos muchas vueltas a varios, pero entre Amadeo y nosotros conseguimos sacarlo adelante. Es un dicho vinculado a la tierra y se asociaba un poco a la situación que vivimos. Al final creo que ha marcado una forma de ver la campaña. Ha sido satisfactoria.

Las empresas no parecen volcarse demasiado con el balonmano aragonés y no se han logrado patrocinadores principales.

Es el gran problema de la temporada y de la campaña. Es evidente que sin encontrar patrocinador durante la temporada, que durante la campaña apareciera, iba a ser complicado. Son cifras asumibles para empresas pero la dificultad ahora es de todo el mundo. Quizá no hemos sido capaces de transmitir bien el mensaje a las empresas, o incluso dar una buena imagen a éstas.

La imagen de los jugadores volviendo de León en furgoneta es demoledora; definitoria de lo que está pasando el club.

Es una realidad y eso no cambia. No podemos ocultar la realidad y en ciertos momentos es bueno que se sepa. Hay que constatar cómo viven estas situaciones los jugadores. Antes éramos un club más profesional... y ahora somos más sociales. También tenemos más jugadores de la tierra y no tenemos esa profesionalidad, con la opción de viajar un día antes y solos en autobús. Ahora estamos teniendo que solucionarlo con viajes en furgonetas, aportaciones de directivos para poder viajar… Son situaciones nuevas y tenemos que adaptarnos a ellas.

Lo que está claro es que la gente de Zaragoza quiere balonmano.

Está claro que por cómo nos ha tratado todo el mundo, la imagen del balonmano ha salido reforzada. Está claro que tiene una parte negativa, y es que no damos una sensación de seriedad, pero los jugadores están dejándose la piel, jugando muy bien. Se fueron jugadores y la gente pensaba que íbamos a tener problemas; pero hemos sacado puntos, peleamos todos los partidos y sólo nos falta tener continuidad.

Un fuerte síntoma de que el club no atraviesa buenos momentos financieros es que en diciembre se le otorgó la carta de libertada, o como usted prefiere decir: “se les facilitó la salida”, a toda la plantilla. ¿Qué piensa Óscar Mainer en esos momentos?

Por un lado sientes pena porque se van jugadores que estaban dando un rendimiento muy bueno y son personas con las cuales no has podido cumplir. Por otra parte sentías alegría de saber que se iban a un lugar en el que no tendrían el problema que se había generado aquí, y se podía quitar una responsabilidad en ese sentido.

Fueron numerosas las bajas (Postigo, Rial, Miguel Sánchez, Basmalis) y algunas muy sensibles e inesperadas como las de Alberto Val o Pérez de Inestrosa. ¿Temió en algún momento que un número indispensable de jugadores se llegaran a marchar?

Sí. Había momentos en que sí, pero no vi una espantada general. Conforme se iban marchando jugadores pensábamos en soluciones y decidimos no preocuparnos hasta el primer partido. Sí fue más sensible la baja de Alberto Val, porque se produjo a última hora y era un jugador importante en muchos ámbitos. Luego, viendo jugar al equipo tenía menos temores.



¿Cómo afronta todo esto Mariano Ortega?

Con mucha entereza. Es un hombre muy estable, con mucha fortaleza y esa fortaleza le da mucha tranquilidad a él y a los que están alrededor en el club.

Demetrio Lozano, Toño Cartón, Amadeo Sorli, con Mariano Ortega al mando, componen ahora la columna vertebral del equipo. ¿Mostraron en algún momento su intención de salir?

Sí, en algún momento hubo opciones. Demetrio pudo marcharse a Hungría, y sí pensamos que podría salir. Toño también por su calidad, pero es cierto que la situación familiar y laboral hace, a veces, que la opción de marcharse sea complicada.

Con el aporte de los veteranos, lo cierto es que ahora son los más jóvenes los que conforman el grueso de la plantilla naranja.

De los veteranos como Asier, Toño, Demetrio y Amadeo, así como Jorge Gómez, ya sabíamos la calidad que tienen, la trayectoria, y que iban a responder perfectamente. Quizá ahora los jóvenes, en la mayoría de los casos, han dado más de lo que en un principio se presuponía. Están creciendo. Creo que tienen el punto de que hay algunos momentos en donde la experiencia puede pasar una mala jugada; pero sí es cierto que Castro, Ariño o Álvaro han crecido mucho.

Caísteis en cuartos de final de Copa quedándoos fuera de la Final Four por marcar menos goles fuera de casa. Con un plantel en cuadro, es algo digno de elogiar.

Ha sido una pena porque hubiera sido un premio para los jugadores, sobre todo.  La experiencia de vivir una Final Four, que es nueva, porque antes era semifinales y final semejante a la Copa ASOBAL, hubiera sido muy bonito. Hay jugadores muy jóvenes que hubiese sido bueno que lo vivieran tan rápido.

El objetivo claro este año es la permanencia…

Sí. Es cada partido. Ser competitivo siempre. Además se está poniendo muy difícil otro objetivo como puede ser entrar en Europa, está cada vez más lejos. Con lo cual es difícil cambiar de objetivos y primero es ver que somos competitivos, que vamos creciendo. Pero cada vez se aleja más Europa.

Entrar en puestos de EHF (Europa), ¿supondría una alegría para el club o un sobrecoste inasumible?

Ahora está muy lejos, y siempre lo pienso; pero es una motivación más. ¿Un coste inasumible? Creo que cada vez cuesta más todo, está claro. Pero también tienes que premiar a la gente, a los jugadores, a la afición. Aunque realmente cuando tienes que hacer números sí ves un problema de jugar una eliminatoria, pero hay otras cosas que yo creo que valen más. No todo es problema de dinero.

Lo cierto es que la situación del Balonmano Aragón no es única. También otros equipos como Ademar de León han pedido ayuda a sus aficionados.

Ademar, Valladolid…y los que ya no están. Nosotros estamos aquí intentando sostener y sacar esto adelante, pero hay mucha gente que se ha quedado por el camino. En los últimos 5 años puedo nombrar a Altea, Almería, Torrevieja, Ciudad Real -que luego fue Atlético de Madrid-, Portland San Antonio, Teka… Entonces la gente no se acuerda, pero esos se han ido en 5 años.

¿Está muriendo el balonmano a nivel profesional?

Creo que dentro de unos años va a ser difícil llamarlo así: balonmano profesional. Tal y como está pasando con los buenos jugadores, vamos a ser más una academia para formar jugadores a nivel competitivo y que luego puedan salir al extranjero. Creo que en la situación que estamos ahora ya no se puede catalogar de profesionalismo.

La crisis ha afectado gravemente al balonmano y la situación de “deporte minoritario” no ha ayudado tampoco. ¿Es optimista con respecto al futuro del balonmano nacional a nivel de clubes?

La crisis y el no saber hacer las cosas bien anteriormente, es el principal problemas entre otros factores. El fundamental es que en tiempos de bonanza no fuimos capaces de prever lo que ha pasado, aunque nadie ha podido hacerlo. Quizá en aquella época nos preocupábamos de tener buenos jugadores pero no los pabellones llenos, de tener muy buenos jugadores pero no de tener estructuras serias, de tener muy buenos jugadores pero no de cuidar a patrocinadores, de cambiar la forma de ir al balonmano, de consumir este deporte. Y eso no lo supimos ver ni hacer. Todo esto ha provocado que al venir la crisis, lógicamente, tuviéramos menos fortaleza y solidez para soportarlo.



Lo cierto es que, sin embargo, los jugadores nacionales tienen éxito allende nuestras fronteras; algo que se ve reflejado en la selección. El último éxito: la medalla de bronce en el Europeo de Dinamarca 2014.

Lo más importante que tenemos es el saber hacer de los entrenadores. De hecho, en los últimos años se han marchado muchos entrenadores buenos al extranjero y todos ellos están haciendo muy buen papel. Desgraciadamente cada vez lo estamos perdiendo, pero han dejado ya un trabajo hecho. Hay nuevos y muy buenos entrenadores en España que han ido sacando durante estos años jugadores; y van a seguir sacando. Eso es lo importante y positivo.

El balonmano femenino, ¿cómo lo ve? También atraviesa un momento duro, ¿atisba el mismo futuro que en el masculino?

Yo creo que, como dije antes, uno de los errores que cometimos fue que no fuimos capaces de involucrar a la mujer a participar en el balonmano. Y hay un gran desfase entre el número de fichas de balonmano femenino y masculino. El balonmano femenino lo veo bien, creo que está teniendo buenos resultados a nivel de selección y ha pasado sin mirar al balonmano masculino. Sí es cierto que una vez que se mejore esa situación económica va a volver a subir el nivel de equipos femeninos. La obligación que tenemos los clubes masculinos es de preocuparnos y sacar equipos femeninos; es el futuro. Necesitamos que venga más gente a los pabellones, consumir de otra forma el balonmano y que la mujer participe en el balonmano.

¿De qué otra forma se puede consumir balonmano?

No sólo yendo al pabellón una hora y media a ver el partido, sino a hacer más actividades alrededor del mismo. Venir toda la familia y encontrar un grupo o una forma de ver el deporte. Lo menos pasional es la importancia de la victoria y la derrota, sino identificarnos más con el club. En el norte de Europa animan a su equipo independientemente del resultado. En el sur de Europa va marcado todo por el resultado. Las críticas son numerosas cuando pierdes, cuando el equipo no juega; no sólo en balonmano sino en todos los deportes. Cuando vas a jugar a Alemania o Suecia lo asimilan de otra forma, viven de otra manera lo que es esa fiesta que supone el balonmano. Pero tienen otra forma de vida.

Como estrella principal de esos entrenadores que mencionabas y que ahora están trabajando fuera de nuestras fronteras, se encuentra un aragonés de Zaragoza: Valero Rivera.

Valero Rivera es por currículum el entrenador más importante del balonmano. Es un fenómeno. Los resultados están ahí. Nadie tiene seis copas de Europa como él, y hasta un Campeonato del Mundo con la selección española. Además, Valero ha cambiado el balonmano, ya no sólo en su etapa en el Barcelona sino también con la selección. Y encima es aragonés.

Ahora dirige a la selección de Qatar con la que se ha proclamado campeón de Asia. En esa misma competición, Rafa Guijosa clasificó tercero dirigiendo a Irán, y Julián Ruiz quedó cuarto al frente de los Emiratos Árabes. ¿Está de moda el balonmano español en todos los sitios menos en España?

En España ha subido mucho el nivel y sobre todo el de los entrenadores; por profesionalización y talento. Pastor, Manolo Cadenas, Antonio Carlos Ortega, Ambros Marín… hay muchos entrenadores que están en las mejores posiciones los equipos y selecciones punteras de Europa. Creo que esto no pasa en ningún otro deporte.

La selección de Qatar –dirigida por Valero Rivera- está nacionalizando a muchos jugadores de otros países; ¿cómo valora esto?

Qatar es un país diferente y todo va vinculado al hecho de que van a organizar un Mundial. Desde el punto de vista deportivo a mí no me parece lo más natural. Cuando es una selección nacional se trata de tener gente nacida en tu país y competir a ese nivel. Pero allí se ha mezclado el deporte y el espectáculo, y el que ellos van a organizar un Mundial y tienen que ser competitivos, y con la poca tradición de balonmano en Qatar no lo hubiesen sido si no optan por esta vía.

¿Cómo fue la experiencia del Mundial de Balonmano? Usted era el responsable de la sede de Zaragoza. Manager´s Venue; no sé si suena mejor incluso que presidente.

[Risas] La experiencia fue muy bonita. Fueron veinte días muy intensos de prácticamente estar dedicado a él dieciséis horas al día. Estábamos con la máxima ilusión, con mucha gente involucrada y además en nuestra ciudad. Manager´s Venue… creo que responsable es una palabra que entendemos mejor todos.

En Zaragoza pudimos ver un grupo competitivo con Eslovenia, Polonia, Serbia, Bielorrusia, Corea del Sur y Arabia Saudí. Aunque la primera fase no acabó de cuajar.

Yo no creo en el formato que tienen los mundiales con las fases de grupos. Es difícil decir qué tipo de competición tienes que marcar. El problema está en que cada año tenemos Mundial o Europeo, y eso es algo que desgasta mucho. Somos el único deporte de los grandes –baloncesto, balonmano y fútbol- en el que cada año hay uno de los dos eventos. Y además cada año se encuentran los mismos equipos en las fases de grupos. Con lo que es difícil que los aficionados de Eslovenia, Polonia… vengan a seguir a su selección y por eso no funciona. En esas fases es muy difícil meter gente en el pabellón y que tenga interés, porque además, salvo pequeñas sorpresas, se conocen los clasificados de antemano. Al final son muchos partidos para un resultado que todos conocemos. Por eso es difícil que se atractivo porque la gente lo que quiere son emociones.

¿Qué ideas plantearías para mejorarlo?

Lo primero de todo es que haya Mundial y Europeo cada cuatro años. El problema es que la IHF quiere tener su producto para vender y su forma de vida cada dos años, y la EHF –la europea- también. Ninguno de los dos va a ceder a hacerlo cada cuatro años. Pero este sería el primer paso que habría que dar. Si una vez conseguido, las fases de grupos siguen sin funcionar, habría que modificar el tipo de competición. Aunque lo primero de todo tiene que ser reducir el calendario. Es que acabamos de tener Europeo y ya casi nadie se acuerda del Mundial de España… y dentro de poco Qatar… No da tiempo a todo.

Cuando vino España todo cambió. Supongo que siente satisfacción de cómo respondió la afición balonmanista de esta ciudad.

Sí. Y de cómo respondió todo. De antemano había proyectado mucha ilusión y esperanza para cuando viniera España y se cumplió. Se cumplió tanto en octavos como en cuartos. Si se hubieran tenido que vender 20.000 localidades creo que lo habríamos hecho. Fue muy bonito ver la ciudad el pabellón, el partido… Además vivimos el partido en el que España pasó más problemas de todas las eliminatorias. Fue el mejor colofón que podía tener la ciudad de Zaragoza.



Y no sólo se respondió en la grada, también echando una mano como voluntarios. La IHF no dejó de alabar una y otra vez la excelente organización de Zaragoza.

Todo el mundo que participó puso mucha ilusión. Fue fundamental la experiencia del grupo de trabajo del Ayuntamiento, la experiencia de la gente de balonmano de la ciudad y la respuesta del público, que fue muy buena. Los voluntarios también estuvieron muy bien. Se ha generado una ilusión de gente joven en el balonmano y eso se notó en el Mundial. Todos los voluntarios estaban como locos y fue muy importante.

La selección se midió en octavos a Serbia y en cuartos de final a Alemania. Ambos duelos se sellaron con victoria española y el pase a semifinales.

Los octavos contra Serbia fueron desgraciadamente demasiado fáciles. Fue un partido muy claro en el que incluso creo que ellos no tuvieron mucha fe en sus opciones y España ganó muy claramente. Como he dicho antes, al final la gente lo que quiere son emociones, y por eso creo que fue más frio que lo que fueron los cuartos.
Los cuartos fueron muy intensos. Pienso que estuvo en dos detalles la posibilidad de que el partido cambiara. Fue muy emocionante. El público necesita emociones y allí hubo de todo. Aunque todo el mundo daba a España como favorita para pasar a semifinales, pudo pasar de todo.
 
Después, el 27 de enero, llegaría el título de campeones frente a Dinamarca. Alguien nos ha comentado que usted estuvo en el Palau Sant Jordi aquel día. ¿Cómo lo vivió? Una final así no se la esperaba ni el más optimista.

Sí. Nos invitaron a toda la organización. Era una experiencia que había que vivirla y fue extraordinaria. El único problema, por poner un pero, es que España pasó por encima de Dinamarca de tal manera que perdió toda la emoción la final. Fue más bonito ver el gran ambiente que había en el Sant Jordi, porque el partido se acabó enseguida. Nunca había vivido una situación así. España fue un rodillo. Desde el minuto uno Landin no paraba, todo lo que tirábamos entraba… He visto el partido varias veces y es algo que no puedes explicar.

Mucho antes de tantos y decorosos acontecimientos, usted se inició en Maristas de Zaragoza. En cuanto a balonmano no haría falta añadir nada más. Una escuela que mima el balonmano. Uno de los máximos exponentes de este deporte no sólo en Zaragoza, sino también en Aragón.

En Zaragoza hay tres escuelas tradicionales de toda la vida y yo salí de una de ellas. Maristas, Dominicos y Corazonistas. De todas han salido grandes jugadores. Yo tuve la suerte de estar en Maristas con un grupo de amigos y con muy buenos entrenadores. Siempre he dicho que lo más bonito fue la etapa de jugador en categorías inferiores.

Usted se crió allí y después dio el salto a BM Granollers, Palautordera, Alicante y Gáldar hasta llegar al gran Portland San Antonio. ¿Vivió allí su mejor etapa como jugador?

Sí. Ya con Gáldar llegamos a jugar una final de competición europea que perdimos, pero realmente en San Antonio es donde realmente competimos por los títulos y los ganamos. Estuvimos con el Barça del ‘Dream Team’, no tuteándolo porque ganó muchos más títulos, pero fuimos poco a poco arañándole alguno de ellos. Luego llegó la Copa de Europa donde conseguimos cumplir un sueño. No esperábamos ganar, ni mucho menos contra el Barça. La verdad es que fue una etapa muy bonita.

En 2001 lográis ganar esa Copa de Europa y lo hacéis en el feudo del Barça, gracias a la ventaja conseguida en el partido de ida en Pamplona. Aquí toca el cielo.

Ese partido fue mágico. Hace poco lo pude ver otra vez porque lo colgaron en un blog y realmente no recordaba muchas cosas, sólo flashes y situaciones. Habré jugado unas veinte veces en el Palau y nunca lo he visto así. Montaron una fiesta para intentar darle la vuelta a la final, porque habíamos sacado seis goles de ventaja en Pamplona, y fue una auténtica encerrona. 8.000 personas, ruido, previamente retiraron la camiseta de Sagalés, estaba el rey, Urdangarín… Desde el principio Valero, tal y como comentábamos antes, varió cosas. Cambió la forma de defender y nos sorprendió en un principio, pero es que en aquel Portland había jugadores muy buenos: Jackson –que era capaz de buscar soluciones en todo momento-, Mateo Garralda o Jakimovich. Sobre todo peleábamos mucho. Teníamos mucha confianza en nosotros mismos y eso fue lo que hizo que aguantáramos toda la situación.

Y llegó a la selección; ¿cómo siente un jugador la llamada de la absoluta?

Eran dos concentraciones de cuatro partidos y yo llegué a jugar en dos. Ahora lo recuerdo casi como una anécdota porque no hubo una continuidad. Me hizo mucha ilusión y fue una experiencia muy buena, pero con la perspectiva se ha quedado en anécdota.

Bidasoa y Torrevieja completan el séquito de clubes. ¿Fue duro decir adiós a las pistas?

Sí. Y más ahora. Conforme pasan los años te apetece más volver a jugar pero ya no puedes. Ahí está la diferencia. Fue duro porque además una parte de mí quería seguir jugando. Pero cuando ya piensas más en otras cosas es mejor dejarlo. Eso es lo que me marcó para tomar esa decisión.

El año de su retirada coincide con el primer gran éxito del balonmano español (Mundial de Balonmano 2005). ¿Siente que el balonmano de su generación puso la semilla que más tarde daría el más sabroso de los frutos?

Sí. Ha habido mucha gente que puso la semilla que a lo mejor se reflejó en ese año 2005. España venía de muchas oportunidades perdidas a nivel de selección. En nuestra generación se consiguieron las primeras medallas olímpicas y se empezaba a ver que podíamos pero llegó Pastor en el 2005, y cuando menos lo esperaba la gente, y lo consiguió. Esa selección era una mezcla de la generación de ahora con la nuestra. Quedaban jugadores como Mateo Garralda, David Barrufet, Hombrados, y luego ya más jóvenes como Rocas, Iker Romero… Había una mezcla de la generación de los 70 y los 80. Creo que para ese éxito fue fundamental la sorpresa pero también el gran trabajo que hizo Pastor.

Podríamos definirle como un deportista atípico. Es licenciado en INEF y nunca ha parado de engordar sus estudios, ha llegado a ser presidente de un club…

No lo sé. Yo diría, como en el mundo del balonmano, que soy un zurdo típico. Todos los zurdos hacemos cosas raras y diferentes. ‘No hay zurdo normal’ dicen algunos entrenadores de balonmano.

En tus años en Portland obtienes el Título de Entrenador Nacional de Balonmano. Sería quizá el único estamento que te quedaría por ocupar dentro del balonmano. ¿En algún momento te planteaste hacer carrera allí?

Sí, aunque he sido entrenador de categorías inferiores. En Maristas, cuando tenía 16 años, empecé a coger equipos de benjamines con un par de compañeros. Entrené a una generación o dos más que la de Amadeo Sorli. Él era alevín y nosotros llevábamos a los benjamines. En Gáldar también estuve en una escuela de alevines. Y cuando tuve que hacer las prácticas del curso estuve tres años en Pamplona con un equipo infantil y cadete. Siempre me gustó mucho. Pero en el momento de decidir apareció la posibilidad de venir Zaragoza y eso es lo que cambió todo. Aunque mi idea era entrenar.

¿Cómo valora los años que ejerció como Director Deportivo?

Pues diría que he vivido una trayectoria como la del club. Han sido tiempos intensos y bonitos. Como yo ahora digo cuando hablo con alguien que no tiene problemas económicos y sólo se preocupa de lo deportivo: “cuando no tenemos problemas los buscamos”. En ese momento no pensábamos en nada más que en dar un paso adelante en lo deportivo, y eso te hace buscar problemas que luego han generado la situación que tenemos. La ambición deportiva te lleva a pasar por determinadas situaciones. Indudablemente hay muchas cosas que ahora cambiaría. Ahí está la experiencia. Para saber qué ha ido bien o mal has tenido que pasar por ahí.

Tras una vida marcada a fuego por el balonmano, ¿qué significan para usted esas nueve letras ordenas de la manera que mejor le suenan?

Esto es una forma de vida. Al final, para lo bueno y para lo malo, estás 24 horas pensando en ello; por lo que a veces es muy bonito y otras te genera demasiado desgaste. Sobre todo porque no puedes estar todo el día con eso en la cabeza. No sé si va en la persona o en las personas que tienen esta forma de entenderlo.


Entrevista: Kevin Serrano y Jorge Belda | @KevinSerranoJ / @Tottizgz

Documentación: Adrián Gracia y Kevin Serrano | @GuajeMorales

Multimedia y foto fija: Álex Villar | @Macvillu

Agradecimientos: Restaurante Marengo | @MarengoZgz
 

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