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¡Que reviente todo!

El Real Zaragoza continúa con su particular peregrinación hacia la autodestrucción. Los resultados deportivos hace tiempo que pasaron a un segundo plano y a nadie extraña ya que se produzcan derrotas como la de Sabadell. Es más, hasta parecen normales, vista la dinámica de juego y competitiva del equipo. De esta manera, los actores principales, los futbolistas, deambulan por los diversos terrenos de juego mientras la mirada del zaragocismo les sigue desinteresadamente y con el rabillo del ojo. El ascenso se antoja a día de hoy una quimera que tampoco parece  pueda ser acogido con un entusiasmo desbordado si al final se consigue. Las batallas y guerras son otras, institucionales y sociales, con una brecha abierta que cada vez se hace más grande.
 
Hasta hace poco todo el entorno blanquillo estaba de acuerdo en señalar a un único culpable, la plantilla intentaba aislarse del ambiente, los medios de comunicación (aunque con matices) seguían una línea paralela y la afición lloraba en comuna las desgracias de un club en el que no se reconoce. La situación era dantesca, pero al menos emitía ciertas señales de solidaridad en las penas. Sin embargo, el final de la pasada temporada y el inicio de la presente han dibujado un escenario caótico. La mayoría de los dedos acusadores siguen señalando a Agapito Iglesias, aunque ya no todos. El entrenador y los jugadores 'reciben' también lo suyo y ya no encajan las críticas como antes. Quien no utiliza la sala de prensa, se gira hacia los aficionados o tiene un mal gesto con ellos. Algunos periodistas, por su parte, se pelean casi a diario por asuntos con relevancia y al mismo tiempo irrelevantes si se comparan con la magnitud del problema. A fin de cuentas, una especie de 'sálvese quien pueda'.
 
Y mientras el Real Zaragoza sigue viviendo su trágico universo particular, el resto del fútbol español también parece desmoronarse. Acusaciones sobre amaños de partidos, desigualdad en el reparto del pastel televisivo,  traspasos oscuros, problemas con Hacienda, supuestos blanqueos de dinero, recalificaciones sospechosas, privilegios fiscales para las no Sociedades Anónimas Deportivas investigados incluso por la Comunidad Europea, irregularidades con las subvenciones públicas… Y más… y más… y más.
 
El futuro no tiene buen color, ni para el Real Zaragoza ni para el fútbol español en general. En la profunda crisis económica y política actual, con escándalo tras escándalo, no era  lógico que el  balompié fuera una 'isla' en la que nunca parecía suceder nada.  Que nadie crea que esto es nuevo, simplemente se escondía bajo el manto protector de épocas de bonanza en las que mucha gente, no toda, prefería no 'pisar la manguera' del vecino para que nadie aplastara la suya. La crisis general no ha hecho más que aumentar el número de damnificados y muchos medios de comunicación han decidido variar viejas líneas editoriales de proteccionismo para destapar asuntos que se situaban en el limbo, sin que nadie se atreviera si dirigirlos hacia el cielo o el infierno.
 
Dicen que llegarán tiempos mejores, pero mientras eso sucede, el ciudadano futbolero merece conocer los detalles de lo que 'huele' a fraudulento en el deporte, comenzando por casa propia, en este caso el Real Zaragoza. No vaya a ser que con esos prometidos mejores tiempos se vuelva a echar la manta encima y  todo quede en agua de borrajas. Quizás lo mejor es que ahora reviente todo.  

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